Historia de una obsesión

Posted: mayo 24, 2011 in hermana, incesto

De niña mi hermano siempre cuido de mi, pásabamos muchas tardes solos ya que mis padres trabajaban mucho. Solíamos jugar a los dibujos que veíamos y a menudo simulabamos luchas como las series, la mayoría de las veces terminaban con mi hermano encima mía frotandose con mi pelvis. Fue así como descubri que frotando en esa zona experimentaba placer. Sin embargo la cosa nunca iba a mayores, y bajo ese sometimiento solía sentirme a gusto. Hacia los nueve años, con la excusa o bien era cierto, no recuerdo, de que tenía pesadillas me metía en la cama de mi hermano. Fue entonces cuando arropada por su calor comencé a masturbarme. Asi durante años se fue sucediendo, él también empezó a masturbarse cuando yo lo hacia, ambos haciamos como que no nos dábamos cuenta de lo que hacia el otro. Pero en una de esas situaciones, mi hermano me quitó el pantalón del pijama y me penetró. No me opuse, ni grité, pero me sentí aterrada, una mezcla de medio y de placer que me sumió en una paralisis que casi no recuerdo. No sé cuanto duró pero si que fue intenso. Recuerdo a mi hermando sobremi apretandome con fuerza, sudando y respirando fuerte, me hubiese gustado sentir más, pero la mezcla de dolor y miedo me lo impidió.

A pesar de lo dramático que puede sesultar, tras ello no volví a meterme en su cama, no volvimos a jugar y todo contacto anterior desapareció. Pero el recuerdo permaneció y menudo por las noches fantaseaba que mi hermano entraba en mi habitación y me forzaba de nuevo, el imaginármelo me imbuía en un placer extremo, una excitación enorme. Al alcanzar los doce años me masturbaba continuamente y siempre pensando en mi hermano. Seguiamos pasando tiempo juntos, el era cariñoso y bueno conmigo, pero había crecido, yo deseaba que me tocase, que me forzase, pero no volvió a suceder. Para entonces él tenía 16 años y había empezado a salir con sus amigos y fue así como poco a poco fui haciendome a la idea de que ya no estaba para mi. Yo mientras tanto seguía masturbandome con la misma fantasía, lo hacía en casa, en la cama, en la ducha, y hasta en la escuela.

Así pasaron los años y empecé a entrar en la pubertad.Conforme mis hormonas se disparaban aun más mi hermano se había convertido en un hombre, era enorme, y de hecho comenzó a pernoctar y a tener problemas, a menudo se peleaba con mis padres, casi siempre discutían, tenía problemas en el instituto y demás, yo comntemplaba todo esto como una testigo invisible. Cuando cumplió los 18 se marchó de casa, no supimos demasiado de él durante algún tiempo, y todo esto me resulto traumático. Ya no lo veía por casa y me costaba recrearlo en mis fantasías sexuales. De hecho, así pasaron 2 años y todo se me fue pasando, mis fantasías con él casi  desaparecieron.

Tras una etapa de drogas y problemas con la ley reapareció. Con la ayuda de mis padres intentó reconducir su vida, yo intenté ayudarle y estar con él. Al empezar el bachiller mi modalidad solo la hacían en un pueblo que estaba a 30 Km y por coincidencias de la vida, mi hermano tenía un piso allí. De modo que me mudé a su casa. Estaba encantada de poder estar cerca de él y animarlo. Todo parecía estupendo, yo estudiaba, él encontro un buen trabajo y dejó atrás su vida y sus nocivas amistades, mis padres venían casi cada fin de semana. Pero ahí estaba él, y yo ya no era tan niña, tenía 16 años, un cuerpecito de mujer que rebosaba energía, y como no, volvieron mis fantasías.

Al principio solo fue eso. Fantasías y poco más. Pero pasado el tiempo empezó a convertirse en una obsesión. La primera vez que lo vi en ropa interior, él con toda naturalidad, a fin de cuentas somos hermanos, me puse nerviosa. No pude quitarlo ojo de aquel bulto, y alimentó como no mis fantasías. Pero quería más, quería ver más. Cuando se duchaba a veces me ponía tras la puerta con la oreja pegada, a ver si escuchaba algo, a ver si podía escuchar indicios de que se masturbara. Y lo logré. Pero hubo más. Yo procedí a masturbarme tras la puerta cuando él lo hacía en la ducha. El problema es que no me di cuenta en que mis jadeos probablemente se escuchaban hasta que un día en mitad del clímax, el grifo se apagó, se hizo el silencio y escuché una voz decir, “¿Cris estás bien”?  Me quedé paralizada, y con la voz temblorosa, dije, “Sí, sí” Pero claro, se debió de dar cuenta de que mi voz salía nada más y nada menos que de detras de la puerta del lavabo.

Cuando salió de la ducha, vino hasta el comedor, con solo la toalla puesta alrededor. Yo estaba en bragas y tirantes sentada en el sofa, con las piernas apretadas y la entrepierna húmeda, algo confundida y nerviosa, cuando lo ví así me pues aun más nerviosa. “¿Te pasa algo, te encuentras bien? ¿Te ha pasado algo en el intituto?” Le contesté que estaba bien, le esbocé una sonrisa, pero tenía que darse cuenta, se sentó a mi lado y me abrazó, su torso desnudo me envolvió y me quedé paralizada. “Oye, cualquier cosa que te pase me lo puedes contar eh, no te preocupes” No dije nada, le miré fijamente, le sonreí y le devolví con mucha fuerza el abrazo, “Vale” Me dio un beso en la mejilla, se levantó, y ay madre, ahí estaba todo su miembro erecto abultando tras la toalla, no pude evitar clavar la mirada ahí, se dio cuenta, pero hizo como si nada y se fue a vestir.

Yo quería más y no me daba cuenta realmente de lo que hacía. Necesitaba ver aquello más, necesitaba saber si yo le excitaba también, era de locura pero no me daba cuenta. Aprovechando el verano iba siempre con el mínimo de ropa posible, el mero hecho de imaginarme que podía excitarle me excitaba a mí muchísimo. Seguí espiando sus duchas y masturbándome tras la puerta. Llegó el día de su cumpleaños, era sábado y me levanté pronto. Me di una ducha y decidí despertarlo y darle mi regalo, entré en su habitación sin hacer ruido, estaba desnudo con su pene totalmente erecto, estaba algo oscuro pero podia observarlo, era enorme. Tragué saliva me acerqué y lo tapé un poco con la sábana para que no se sintiera incómodo, no sin antes observarlo detenidamente, aunque no me atreví a tocarlo por miedo a despertarlo. Me puse encima suyo, mmis braguitas sobre su pene, enorme, poderoso, caliente, tapado por la sabana, estrujé mi pelo recién duchado para que le cayera agua en la cara y al despertarse le grité “Felicidades!” Le di un abrazo y un beso, se incorporó algo aturdido y le entregué el regalo. Estaba algo nervioso, pero hizo como si nada, igual que yo, como si no estuviese sentada sobre su duro falo. Le gustó mucho el regalo. “venga dormilón, que además te he preparado el desayuno” Me levanté, él se tapo un poco más, algo avergonzado, aunque yo seguia comportandome (falsamente) con toda naturalidad, entonces observé que desvió su vista hacia mis braguitas. Fui hacia la cocina a poner el desayuno en la mesa mientras el se vestía y entonces me di cuenta de lo que él habia mirado, mis braguitas estaban mojadas, ¡que vergüenza!

Las cosas siguieron como siempre. Esa misma semana estaba tumbada en mi cama, con música, totalmente excitada por las escenas vividas, empecé a rememorar su miembro. Me desnudé y lentamente comencé a tocarme, estuve rato calantandome, tocandome imaginando a mi hermando tocandome. Entonces entró en casa, había llegado del trabajo, saludo pero no conteste. Podria haber cerrado la puerta, haberme puesto rápidamente algo, pero casi como si me empujara una fuerza irresisitible comencé a masturbarme con fuerza. Fingí que no le había escuchado, y empecé a exagerar mis jadeos y respiración para que el lo escuchara. Observé de reojo como se asomaba a mi habitación a través de la puerta entreabierta en silencio, yo seguí masturbándome hasta que me corrí, chillé. Al terminar me quedé un buen rato tumbada, de hecho me dormí.

Al ver luego a mi hermano hicimos como si nada. Los días que él trabajaba me metía en su habitación y me masturbaba en su cama, a menudo cogía sus calzoncillos usados y me ponía con el olor. Uno de esos días me envió un sms diciendo que llegaría una hora antes a casa. Haciendo caso omiso  y sabiendo que llegaría antes entre desnuda a su habitación, y comencé a masturbarme en su cama como hacía a menudo. Entró en casa. Hice lo mismo que la otra vez, hacer como que no lo había escuchado. Entonces abrió la puerta de golpe, cosa que no me esperaba, esperaba que me espiase. Me asusté y me quede paralizada, no sabía qué hacer. Se abalanzó cobre mi, con toda su fuerza y comenzó a sobarme tetas, luego me las agarró con fuerza y pasó a chuparme alrededor del cuello para luego besarme en la cara. Envuelta en él toda su respiración y boca me ahogaba, no dije nada, simplente me deje llevar. Entonces sucedió. Note como algo enorme y ardiente se había paso en mi vagina, al principio me resulto incluso doloroso. Abrí los ojos, ahi estaba él sobre mi, empujándome contra la cama, volvió a sobarme las tetas con mucha fuerza, de hecho me hacía daño, con una mano me cogió la cabeza y con la otra me apretó una nalga, todo ello mientras seguía pasando toda su lengua, aliento y respiración por mi cara, cuello y tetas. Con tanta fuerza que me estaba haciendo daño, pero no dije nada. Entonce empezó a envestirme con una potencia descomunal y mis jadeos y chillidos se dispararon. Na sabría decir si gritaba de dolor o de placer, o ambos. No se cuanto duró, pero si puedo decir que me corrí profundamente, y entre mis espasmos y su forma de apretarme casi no podía respirar, entonces me apretó con más fuerza aún y esta vez, tras haberme corrido chillé de dolor. Entonces se corrió, chilló como un animal sobre mi cuello y un torrente ardiente me inundó por dentro, fue una sensación brutal.

Nos quedamos abrazados exhaustos durante mucho rato, sin decirno nada, sin hacer nada. Entonces se levantó, con su pene flacido y yo me quedé tumbada mirandole. No dijo nada. Se fue  dar una ducha y al salir yo seguía en el mismo sitio. Se acercó, me abrazó, esta vez con ternura, me dolía todo. “Cris, oye, mira no sé que…” Le tapé la boca con un dedo, “No digas nada…” Y eso hicimos. Un par de contusiones leves, algún moratón, una vagina dolorida algunos días y una píldora del día después, fueron las secuelas. Sorprendentemente seguimos haciendo vida como si no hubiese pasado nada, de algún modo yo me sentía profundamente satisfecha y tranquila, ni siquiera sabía si quería que volviese a pasar.

La Hija

Posted: junio 19, 2010 in General, Relatos

Charlotte

La vida de John cambió radicalmente cuando descubrió que tenía una hija de 16 años.  Con 38 años, una economía olgada, soltero, guapo y con una gran vida social nunca imaginó algo así. Una hija que se le había ocultado. Ahora, su madre había fallecido y le tocaba hacerse cargo de ella.

Jamás imaginó así a su hija, esperaba encontrarse con una niña, y lo que encontró en el aeropuerto la primera vez que llegó fue toda una mujercita. Bella, exhuberante, con aspecto de niña, pero aspecto de mujer a la vez, madura e inteligente a pesar de su edad y con una gran energía. Una mujercita, sonriente y radiante, con una mirada profunda, pero también una persona enigmática y misteriosa.

Charlotte se llevó una grata sensación al ver a su padre, tan joven, tan enérgico y divertido, aquel día, aquella primera vez surgió algo, más allá que lo que pueda unir a un padre con una hija. Las primeras semanas fueron muy intensas pues se pusieron al día de sus vidas y descubrieron que se fascinaban el uno al otro.

Una relación muy especial surgió muy pronto, más como amigos que como una relación padre hija convencional, había pulsión, había un cierto morbo en todo, a Charlotte le excitaba su padre, y a John también le excitaba su hija, era difícil que se vieran como padre e hija, aunque John hacía el esfuerzo.  Pero el tiempo pasaba y las caricias, abrazos, besos y miradas iban a más…

Conta la pared (por John Sammel)

Era sábado, llegué tarde a casa y ahí estaba ella esperándome como siempre. Charlotte había regresado de una fiesta , subí a la azotea a verla, estaba radiante como siempre, me recibió con un fuerte abrazo y un tierno beso, parecía estar algo bebida, bueno ambos. Conversamos un rato y me animó a coger la cámara, las vistas de la ciudad eran fabulosas.

Cuando quise irme a dormir insistió en tomar una copa más, preparo dos y vino hacia el sillón donde me encontraba, se sentó sobre mi y brindamos. Luego se abrazó sobre mi fue quedándose dormida sobre mi, o haciéndoselo, le acaricié con mis manos su dulce piel mientras ella se aferraba a mi con fuerza, no sé cuanto estuvimos quizá una hora, quizá dos… Luego, cuando reaccioné la levanté y la llevé hasta su cama para acostarla. Le di un beso de buenas noches, pero fue diferente, nuestros labios se juntaron, no como un morreo, pero fue largo e intenso y me abrazó con fuerza hasta empujarme sobre ella. “Duerme conmigo papi” Me quedé junto a ella hasta que se durmió.

A los dos días no parecía haber tenido la menor importancia todo aquello, pero sucedió algo que cambió nuestras vidas. Era mi cumpleaños y me regaló una pipa de agua nueva, las coleccionaba. Pasamos la noche estrenándola. Quizá por efecto de la marihuana, o quizá aprovechándo echarle la culpa, nos abrazabamos todo el rato y aun recuerdo como me miraba, pero eran abrazos poco inocentes.

A ratos me descubria acariciándole la espalda o las piernas con ternura, Charlotte parecía buscarlo constantemente  y estaba siempre sobre mi, la tenía dura como una piedra y a ratos se sentaba en mis piernas y apretaba su pelvis contra mi disimuladamente. Avanzada ya la noche decidió quedarse en ropa interior  con la excusa que hacía calor. Comenzó a rozar la pipa en sus pechos y nos reimos cuando hizo algunos comentarios acerca de su forma fálica.

No sé en qué momento sucedió ni cómo. Pero recuerdo mi corazón a cien, estaba muy excitado y sentía como algo se removía con fuerza en mis entrañas. En uno de aquellos abrazos terminé besandole el cuello, embriagándome con su dulce olor.  Charlotte me agarró con fuerza, su respiración se disparó mientras le recorrí cuello y hombros son suaves besos.  Estrechó su pelvis contra mi polla totalmaebte dura y empezó a rozarse suavemente pero con fuerza, sentía su respiracón cada vez más fuerte sobre mi.

Comenzamos a besarnos con pasión y su movimiento de pelvis se aceleró. Pasamos rato así, sus jadeos se convirtieron en gemidos y no podía parar de manosearla con fuerza. Pero de golpe un chispazo nos despertó. Fue un segundo, se echó al suelo y cerró las piernas. “¡Dios, que estamos haciendo!”. No dijo nada más y se fue corriendo a su habitación. Sentí el mundo encima y una implacable sensación de culpa me invadió.

Confesiones (por Charlotte)

Amaba a mi padre, aunque de una manera en cierto modo inocente. Me gustaba exhibirme ante él, que me mirara y sobretodo me sentía tan a gusto, tan querida y tan protegida cuando me abrazaba. Sentir su calor reconfortaba. Era la figura paterna que nunca tuve, pero era también un amigo, alguien con quien disfrutar y recuperar el tiempo perdido, una vía de escape- No me di cuenta de muchas cosas hasta aquella noche. Aunque él no quisiera reconocerlo algo sentía por mi. Yo siempre dejaba la puerta del baño o de la habitación abierta y sabía que a veces me observaba y me gustaba.

Me excitaba que me mirase, me excitaba su voz, su cuerpo, sus caricias y sus besos, de hecho siempre quería más, lo necesitaba a todas horas, quería su calor constantemente y era consciente de que a veces le agobiaba un poco. No es que se me pasara por la cabeza acostarme con él, pero sentía una tracción hacia él extraña.

Pero aquella noche pasó algo. Cuando empezó a tocarme me sentí tan bien. Me dejé llevar por la excitación, no puedo describir lo bien que me sentí, lo querida, satisfecha y plena cuando envuelta por sus poderosos brazos y sus caricias, fue como un pequeño orgasmo que nunca terminaba. Pero me asusté, dude y salí corriendo. Fue entonces cuando descubrí el placer que había sentido, había sido tanto que me asustaba.

Al despertar de aquella noche dude si todo había sido un sueño. Fui hasta su habitación, me tumbé junto a él y lo abracé hasta que se despertó. Estaba nervioso, pero yo necesitaba decirle que no se preocupara, lo quise achacar a la marihuana. Le dije que le quería más que nada en el mundo y que no quería perderlo ahora que por fin nos habíamos conocido, que no se culpara por lo de anoche. Me pasé el resto del día encima suyo se sentía culpable. Pero ciertamente nos queríamos. Por suerte todo pareció quedar en anécdota. Pero era imposible obviarlo.

Todo pareció falsamente solucionado, hasta que dos días después  drogué a mi propio padre, preparé un postre con marihuana, con demasiada tal vez, ¿por qué lo hice? Aún no lo sé, no queria que pasase nada, pero me impulsé a forzar otra vez una situación similar a la de dos noches antes.

Cuando ya estabamos totalmente colocados me eché encima suyo, de hecho llevaba media noche dandole beses, buscando contacto físico constantemente, casi se diría que lo estaba acosando. Pero al intuir que podía volver a pasar lo mismo se marchó a la cama con un gesto un tanto enfadado. Me quedé pensativa, excitada, muy excitada. Comencé a apretar las piernas, cerraba los ojos e imaginaba a mi padre besandome, abrazándome y acercando sus dedos a mi sexo.

De repente apareció por la puerta, tenía mal aspecto, comenzó a gritarme y me asusté. Me decía si estaba loca, que era su hija, que no tenía derecho a comportarme así. Casi no se le entendía lo que decía, parecía fuera de sí, me eché a llorar. Me agarró, temí que me hiciese daño y le supliqué que se calmase, entonces me forzó a arrollidarme al suelo y se sacó la polla. Me la puso en la cara y empezó a gritarme, “¿Esto es lo que querías?¿la de tu padre?, ¿por eso intentabas drogarme?” No sé si fue fruto del forcejeo o que pero me la metió en la booca y empecé a chuparla.

La sacó y me miro con los ojos llorosos, fuera de sí, balbuceaba algún tipo de lamento pero no le entendía. Le dije que por favor me dejase, me levantó y me quitó la camiseta. Me besó con fuerza, con pasión y me excité muchísimo, toda yo era una mezcla de miedo, angustia y deseo.

Intenté impedirle, pero tenía demasiada fuerza, contra más fuerza hacía yo para evitarle más me ponía cachonda, hasta que me recostó sobre el sillón y me penetró. Chillé espanto y placer. Con las bragas medio bajadas y sometida totalmente por él fui violada sobre el sillón de terciopelo. Todo su calor, toda su fuerza sobre mi, en mi interior una enorme pulsión sexual, como una olla a presión explotando. Gemí y gocé sin mesura mientras me iba con cada emebestida, en mitad del frenesí comencé a morderle, le arañé con las uñas y mientras le chillaba que le amaba me corrí. Todo mi cuerpo fue presa de espasmos, temblé sufrí de placer y entonces él la sacó, gritó y se corrió sin control llenándome de leche, notaba como su ardiente semen me caía por encima por todas partes, fue algo maravilloso.

Me caí al suelo,  estaba conmocionada. Me puse a llorar y mi padre, que parecía estar en estado de shock se acercó, se puso de rodillas junto a mi, llorando y me abrazó con fuerza. “Lo siento,lo siento, no sé que me ha pasado…” Le devolví el abrazo y le repetí incesantemente que le quería, así pasamos horas. Mientras él lloraba como una madalena y no paraba de pedirme perdón yo le besaba, le acariciaba y le repetía que le quería, que no llorase, que no era culpa suya. Así pasamos horas, le besaba por todas partes como una loca, en la cara, en el cuello, en el pecho, en los brazos… le susurraba al oído y se lo mordisqueaba, poco  a poco se fue calmando.

Se había puesto los pantalones pero yo seguía desnuda, mientras seguía mi procesión de besos y caricias le desabroché el pantalón, le miré con ternura. Comencé a chupársela lentamente, le quité el pantalón y lo senté sobre el mismo lugar donde me había follado. Me subi encima, le agarré la polla la intruduje en mi vagina, y empecé a cabalgarle lentamente mientras entre besos.  “Charlotte…” no dijo nada más.

Hermanos y algo más… (Segunda parte)

Posted: noviembre 12, 2009 in General

Hermanos y algo más…

II – “La mano inocente”

(Continuación de I Hermanos y algo más…)

67Cuando regresamos a casa estaba algo más calmado, habíamos hablado de otras cosas y no se mencionó el asunto. Cuando me fui a dormir mi hermana se quedó un rato conmigo, sin decir nada, como si esperase que fuese a pedirle que me masturbara de nuevo. Lo cierto es que me moría de ganas, pero no dije nada.

Al día siguiente evite ducharme, al fin de cuentas era domingo y no tenía nada que hacer, además vinieron unos amigos por la tarde y estuvimos jugando al trivial. Mi hermana se lo pasó estupendamente y encandiló a todo el mundo con su simpatía y su sonrisa. Cuando se fueron cenamos.

Después nos pusimos a ver la tele, se sentó junto a mi y me abrazó.

- Espero que no estés resentida conmigo por lo de ayer, te veo raro.

- No es eso, es que no sé, la situación es complicada…

- Yo lo hice por ti, pensé que tal vez lo estarías necesitando, no sé.

- Ya pero entiende que no es tan fácil, que somos hermanos y que…

- Sí, pero imaginate que vives con una amiga y te pasa esto. ¿Le pedirías que te masturbara?

- Hombre, eso es difícil de pedir, supongo que podría aguantar de todos modos.

- ¿Un mes?. No lo harías, y ella no se ofrecería por motivos obvios – Conforme hablaba empezó a acariciarme la tripa. – Sin embargo, al ser tu hermana está claro que no hay contenido sexual, es algo más sencillo y natural.

- Visto así, claro, pero no es tan fácil.

66Comenzó a acariciarme sobre el pantalón al tiempo que me miraba con esos ojillos típicos de niña buena.

- María, no lo hagas, esto no está bien. María…

Sacó mi pene que ya estaba totalmente erecto, acercó su boca, me eché a temblar al pensar que iba a practicarme una felación, acercó sus labios muchísimo y dejor caer algo de saliba para lubricar.

- ¿Qué te pensabas? Je,je, relájate hombre…

Se incorporó y mientras meneaba mi aparato y me acarició con el otro brazo. Luego me quitó la camiseta y retomó con su mano derecha la tarea acompañándola de suaves besos en mi pecho, que fueron subiendo lentamente hasta mi cuello. Al llegar a mi orjea la mordisqueó. Tras ello me susurró:

- Lo estabas deseando, reconócelo…

Se puso sobre mi y prosiguió el movimiento con un rápido y suave juego de muñeca, la abracé como pude, sonrió y volvió a susurrarme, “lo ves…” Comencé a besarle en la mejilla mientras ella proseguía con sus besos y tiernos lametones sobre mi cuello. Llevó la otra mano a mis testículos y empezó a masajearlos al tiempo que con la otra mano aceleraba el movimiento.

Ambos empezamos a jadear profundamente mientras rozábamos nuestros cuerpos buscándonos, su lengua se tornó más atrevida  y sus besos ya no eran los de una hermana, sino más parecidos a los de una amante, aunque seguíamos evitando besarnos en la boca. Sentada sobre mi pierna esta vez me la cogió con ambas manos, batía con fuerza a la vez que apretaba su sexo contra mi muslo y dejaba caer su cuerpo apoyándo su cabeza con mi pecho. Sentí que todo me temblaba, una sensación brutal, ¿quizá el mayor orgasmo de vida? Nos quedamos en la misma posición, exaustos, sin decir nada.

25Me entró una enorme sensación de culpa, de haber hecho algo vergonzoso, pero no dije nada. Mi hermana me limpió con un pañuelo el seman y luego me besó.

- Vamos, que te pondré el piajama.

Esa noche no pude dormir. Escuché a través de la pared como se masturbaba mi hermana, me excité mucho y habría deseado poder masturbarme, de hecho quería ir a su cuarto, que me lo hiciese ella. De hecho estuve tentado, pero no me atreví. ¿Era todo esto tan malo? A fin de cuentas qué era lo que más me preocupaba, tal vez que yo lo deseaba, quizá eso era lo que más me asustaba de todo.

La mañana siguiente dormí hasta muy tarde y al despertar me invadió una extraña sensación, quizá de miedo, quizá vergüenza y me quedé despierto en la cama. Al final entró para despertarme, alegre como siempre, saltó sombre mi y empezó a darme besos.

- Venga dormilón, es hora de levantarse, ¿o te vas a pasar el día en la cama?

- Tal vez.

- Va levanta, que iremos a dar un paseo.

30Me preparó el desayuno y lo trajo a la cama, se encargó de todo, lo cierto es que me sentía querido y cuidado, y poco a poco desaparecía la vergüenza de que me lo tuviesen que dar todo. Luego llegó la hora de ducharnos. Al entrar al baño me la encontré desnuda, me quedé algo sorprendido, pero tampoco me extrañó demasiado.

- Ya sé que no querías, pero ahora nos ducharemos juntos, es más cómodo para mi y así tardamos menos.

- Está bien… que remedio.

Inició el proceso con esa medio sonrisa y esa mirada traviesa suya, se detuvo como siempre en mis partes, me miró y sonrió, pero siguió con la ducha. No dije nada, pero deseé que me masturbara, sin embargo no lo hizo y de algún modo me llevé un pequeño chasco. Era incapaz de reconocer o pedírselo, pero era una verdad como un templo que lo deseaba.

Salimos a dar una vuelta por el barrio, paseamos por el parque, atenta todo el rato de mi, siempre abrazada o cogiendome el brazo, lo cierto es que nos lo pasamos bien. Como anéctdota, nos cruzamos con unos vecinos, una afable pareje de avanzada edad que al vernos se pararon a hablar con nosotros. No hacían más que decir, “Qué suerte tienes con una hermanita tan dedicada”, “Qué bien te cuida”, “Es agradable ver como se quieren dos hermanos”, y demás cosas del estilo. No lo sabían bien…

Luego tomamos algo en una terraza. Se estaba bien y desde el accidente casi no había salido de casa.

- Has visto, todo el mundo te lo dice, que suerte tienes, ji,ji

- Sí, supongo que no me puedo quejar…

- Siempre haciéndote el duro, vah, no tienes que darme las gracias ni nada, pero podrías ser un poco menos soso.

- Ay – Me eché a reir – Supongo que tienes razón, por cierto, no había caido, ¿no tenías clase hoy?

- No, es fiesta tontaina, que ya no sabes en que día vives.

- Si es verdad, ja,ja,ja Pero porque no aprovechas el día para ir con tus amigas o algo, no me va a pasar nada por quedarme solo, al final te vas a hartar de mi.

- Me gusta estar contigo, ya tendré tiempo de ver a mis amigas, me lo pasó bien contigo.

- Me acabo de acordar de una cosa, ¿te acuerdas de mi amigo Jaime? Ese que tiene una casa/barco en el lago, está de viaje y me dijo que si quería podía pasar unos días en su barco. Podríamos ir mañana si quieres y así salimos un poco.

- ¡Genial! Sería muy divertido, incluso podríamos pescar. ¡Qué gran idea!

32A la tarde, ya en casa, estaba sentado sobre el sillón. Mi hermana puso música y se puso a bailar, la observé durante unos suegundos, quizá minutos, era preciosa. Intentó que me animara a bailar, pero no quisé.

- Esta canción me gusta mucho, vamos, baila conmigo, no necesitas las manos para esto. – Movía su cuerpo con gracia mientras me miraba, me dio por sonreir y al darse cuenta se echó a reir – ¿De qué te ríes tanto?

- De nada, me gusta verte bailar, tú siempre estás contenta y alegre, ¿es que nunca estás triste o preocupada?

- Hombre, alguna vez, me gusta estar así, además me gusta estar contigo, estoy contenta. – Siguió bailando y moviendo su reluciente e inagotable sonrisa.

- Quizá no viene a cuento, pero no me había dado cuenta hasta ahora lo hermosa que eres.

No sé por qué lo dije, me salió con naturalidad, de veras lo pensaba. Me miró con ternura, se acercó y me due un abrazo fortísimo. Se puso de rodillas en el suelo, a mis pies y me abrazó el torso, le acaricié el pelo con mis manos vendadas, mientras me miraba con ojillos de gata sin decir nada. “Eres genial”, y acto y seguido se aupó para darme un beso en la boca, un beso pequeño pero con mucha ternura.

38Comenzó a desabrocharme el pantalón, me dió por reir. Masajeó mi pene sobre el pantalón mientras lentamente desabrochaba un botón tras otro, “Dime la verdad hermanito, lo estabas deseando…” Quizá fue un punto de inflexión, pero no pude evitarlo, por primera vez me reconocí a mi mismo que lo deseaba, “Sí, pero no me atrevía a pedírtelo”. Volvió a darme un tierno beso y me susurró al oído, “No tengas miedo a pedirmelo, a mi me encanta”.

Volvió a sentarse en el suelo y siguió con el ritual, metió la mano bajo el pantalón y suavemente sacó mi pene. Luego me quitó los pantalones y los calzoncillos. Empezó a darme besitos en los testículos, me encantó, seguía mirándome con esa sonrisilla, luego extendió esos besos por toda mi polla.

Paró, se levantó, y al ritmo de la música empezó a desvestirse. estaba totalmente emocionado y escitado, la miré con ternura y le expresé lo hermoso que era su cuerpo. Al terminar volvió a sentarse entre mis piernas, cogió mi polla y la lamío de arriba a abajo. “Qué rica está…”

Tras hacer juguetear un rato más su lengua con mi glande, la agarró con una mano y la introdujo en su boca, comenzó a succionar lentamente.  Utilizando boca, lengua y manos me vi inmerso en una rítmica espiral de placer, todo mi cuerpo la sentía, todo estaba en consonancia, el tacto de sus manos y su lengua, el calor de su boca, el sonido de la saliva, la música y sus ojos mirándome constantemente. Lentamente aceleraba el proceso y lo acompañaba con algunas caricias. No sé cuánto tiempo duró este proceso, fue infinito, deseé que nunca terminara.

Pero la temepratura subía cada vez más, me estremec35ía de placer se acercaba el final inevitable, entendió que llegaba el momentó y apretó con fuerza, succionó con poder y ternura y aceleró su movimiento. Hasta que exploté en una inmensa cadena de espasmos, placer y sobretodo, semen, sentí como si no pudiese parar de eyacular. Mi hermana no me dejó en ningún momento, acompañó mi orgasmo sin retirar la boca y desacargué todo mi semen en su boca, grité de placer como  nunca lo había hecho.

Sentí como si perdiera todas mis fuerzas y quedé tendido sobre el sillón unos instantes, me sentía inmensamente feliz. Mi hermana se levanto, juntó las dos manos y escupió todo el semen sobre ellas, fue al lavabo a tirarlo y regresó. Me abrazó y me besó. Nos quedamos un buen rato abrazados, sin decirnos nada. Hasta que al final rompí el silencio.

- Ha sido algo fantástico María.

- Para mi también, me gusta el sabor y el olor de tu polla, y también de tu semen. Y sobretodo me gusta verte disfrutar.611

No hablamos mucho más, seguimos abrazados, luego nos vestimos y pasamos el resto del día abrazados. El resto del día nos divertimos mucho, nos comportábamos como recién enamorados, besándonos todo el rato, haciéndonos cosquillas y riendo constantemente. Luego dormimos juntos, pero no volvió a pasar nada.

Continuará…

Hermanos y algo más…

I – “Yo seré tus manos”

Hola, me llamo Carlos y quiero compartir mi historia sobre mi hermana María.

2Desde que mi hermana se empezó a hacer mayor he tenido deseos hacia ella, como mera fantasía a menudo he imaginado o soñado escenas eroticas con ella, y debo confesar que me masturbaba pensando en ella.

Actualmente tengo 28 años. Mi hermana se vino a vivir conmigo al empezar el instituto ya que en el pueblo de mis padres no había. Cuando vino tenía sólo 14 años, pero yo entonces ya tenía mis fantasías, de las que siempre me había avergonzado. Ella siempre me ha tenido mucho aprecio y nos hemos tratado siempre con mucho cariño, pero desde que se vino a vivir conmigo se empezaron a dar diversas situaciones.

Comencé a fijarme en su cuerpo y siempre tuve la impresión que ella se fijaba mucho en mí. Con el tiempo empecé a espiarle cuando se cambiaba o cuando se duchaba, un día descubrí que ella también lo hacía. No hice nada al respecto, de hecho me gustaba. Luego pasé a ponerme tras la puerta del lavabo a escuchar como se masturbaba, a pasearme en calzoncillos y comprobar como descaradamente me miraba las partes, y a mirarla de reojo cuando se paseaba desnuda o semidesnuda por la casa.

Siempre se comportó con una enorme naturalidad cosa que alimentó en parte la paranoya de que le gustaba que le mirase o espiase. Así pasaron un par de años y la situación se había convertido en algo obsesiva por mi parte y empezaba a estar preocupado. Me masturbaba pensaba en ella, me pasaba el tiempo imaginando situaciones y disimulando cuando la miraba.Llegó el punto en el que cuando me abrazaba o besaba se me ponía dura y aunque procuraba disimular yo creo que se daba cuenta y actuaba como si nada. A fin de cuentas éramos hermanos.

Tras este tiempo el ritual consistía en sus baños. Siempre tardaba mucho y un día de casualidad la escuché jadear. Desde entonces cada vez que se bañaba solía poner la oreja tras la puerta y escuchar los chasquidos del agua, sus jadeos y luego los golpes y suaves gemidos  cuando llegaba al orgasmo. De hecho fue una situación que fue a más. Al principio no hacía mucho ruido, lo disimulaba, luego pasé a tener la impresión que no se escondía (¿Me habría descubierto?), y al final parecía exagerar. Cerraba el grifo y se masturbaba, con lo que podía escucharla perfectamente. ¿Sabría que le espiaba y por eso lo hacía? Y de ser así, ¿le excitaba que yo estuviese escuchando?

Todas estas cosas me obsesionaban. Ya no eran fantasías, era deseo serio sobre mi hermana menor. Un día de cotidiana ducha-espionaje, me encontraba pegado como siempre a la puerta escuchándola, y cuando pareció llegar al orgasmo (normalmente solía jadear un síiii o ahhh o ambos), comenzó a gemir “síiii, Carlos, carloooooosss, ahhhh“. Me quedé petrificado.

Al día siguiente aprovechando que estaba en el instituto entré en su habitación y qué sorpresa encontrar en medio de la cama a la vista su diarío. ¿Lo habría dejado a la vista a propósito? Lo cogí y lo abrí por la página que estaba marcada, era la más reciente. Leí las dos últimas ojas, pero no encontré nada. Pero en la hoja anterior leí un pequeño título que puso mi corazón a mil. “Mi fantasía sexual” Lo transcribo aproximado:

“Querido diario. Quiero contarte mi nueva fantasía, he soñado varias veces con ello y cada vez que la imagino me excito mucho. Me imagino que estoy dormida en mi cama y de repente, silenciosamente entra Carlos por la puerta y se mete en mi cama. Yo me despierto y me encuentro con las manos atadas y sin bragas mientras Carlos me manosea, y acto y seguido empieza a penetrarme con fuerza. En el sueño paso miedo e intento gritar pero él me tapa la boca y no me deja hasta que termina.

Pero cuando luego lo recuerdo o lo imagino, ser violada por Carlos me excita muchísimo. No digo que me gustaría que pasase, pero me excita mucho.”

Aunque no hacía una mención directa a su hermano,¿sería yo Carlos? Rebusqué en el diario pero no encontré nada sobre algún chico o noviete llamado Carlos. Estuve todo el día conmocionado. Quería creer que era yo por un lado, pero a la vez me asustaba que así fuese. Por otra parte, ¿y sí no se refería a mi? Me daba vergüenza estar pensando estas cosas, pues no era otra que mi hermana.

La situación continuó con cierta normalidad, pero entonces ocurrió algo totalmente inesperado y oportuno. Tuve un accidente laboral y me fracturé ambas muñecas, el resultado, las dos manos escayoladas. Esto me obligaba a depender de otra persona para hacerlo prácticamente todo. Es decir, que hacía dos días estaba masturbándome pensando en mi hermana y ahora ella tendría que hacermelo prácticamente todo. Mi hermana no pareció preocupada, es más, parecía contenta por cuidar de su hermanito y no tenía ningún inconveniente en vestirme, lavarme… El asunto me puso nervioso, me moría de vergüenza en verdad. A pesar de tener las manos escayoladas podía ir a lavabo con normalidad aunque con alguna dificultad, pero vestirme y ducharme me era imposible.

Lo bochornosos del asunto ya empezó en el hospital. Cuando se habló del tema y mi hermana estaba tan alegre, el médico y la enfermera hablaban con toda naturalidad del asunto y le comentaban a mi hermana lo que tenía que hacer. Es más, resaltaron lo responsable que era y la suerte que tenía al vivir con una hermanita tan buena y que tanto me quería, no podían imaginarse lo que me pasaba por la cabeza.

La primera noche en casa fue las más dura.  Me hizo la cena y estuvo atenta a mi, incluso se ofreció a “aguantarmela”, pero eso podía hacerlo solo… menos abrocharme la cremallera, cosa que hizo con alegría mientras me moría de la vergüenza. Llegado el punto de desvestirme para ponerme el pijama fue aun peor.

- No sé porque te da tanta vergüenza, ya te he visto desnudo otras veces, además soy tu hermana -  Era increible la naturalidad con lo que lo hacía, es más parecía disfrutar mientras yo me moría de pudor.

- Ya pero de eso hace muchos años, y tú…

- ¿Yo qué? ibas a decir que ahora soy más mayor… vah, no creas que voy a asustarme por verte la picha.

4El segundo día insistió en lavarme! No quise hacerlo, alegué que estaba cansado y me encontraba mal. El día transcurrió con normalidad, me hizo la comida al llegar de clase, estuvo por mi todo el día, lo cierto es que se podía decir que estaba como un rey. A la noche me puso el pijama, me lavó los dientes, etc.

Al siguiente día volvió a insistirme en la ducha. No había mas remedio, no iba a estar sin lavarme siempre.

- Podemos ducharos juntos, como cuando éramos pequeños.

- Mira, María, a mi esto me da mucha vergüenza así que prefiero que me ayudes a ducharme pero yo solo.

- Como quieras, era para hacer la situación algo más natural, que ya sé que te da cosa eso de que “te laven”.

Sonrío y empezó a quitarme la camiseta. Yo casi temblaba. Llegó el momentó y me quitó los pantalones, se detuvo a observar mi pene, “Veo que mi hermanito no está mal dotado” Hice una exclamación y me tapé como pude, luego me meti en la bañera, ella desde fuera me echó el agua por encima y luego me enjabonó, lo hizo con una ternura increible, en especial al llegar a mis partes, las cuales masajeó con suavidad. Me puse colorado.

- Jajaja, no me puedo creer que lo estés pasando tan mal, y eso que tu eres el mayor, a mi no me daría ninguna vergïenza si me tuvieses que lavar.

Al terminar me vistió pero sin quitarme la vista de mi pene. Luego me abrazó y me besó en la mejilla, me dijo “ves, no ha sido para tanto”. Lo cierto es que tenía razón.

7Al día siguiente ya empezaba a acostumbrarme a que me lo hiciera todo. María a parte de ser muy hermosa, tiene una sonrira y una manera de hacer las cosas que lo facilita todo, y eso era de agradecer. Pero el problema era que por las noches soñaba con ella, en realidad toda esta situación me excitaba muchísimo y no podía masturbarme. De hecho mi nueva fantasía era que me masturbase. Y esto era un problema.

Con el siguiente baño esa fantasía me traicionó. Al quitarme la ropa no pude evitarlo y mi pene empezó a ponerse duro. “Oh, vaya…” Me puse colorado e intenté justificarme, me quería morir.

- No te pongas así, esto es normal, no pasa nada, metete en la ducha y no seas tontaina, vergonzoso!

-Es que…

- Bla,bla, es algo normal, no creas que pienso que eres un marrano por ponerte así con tu hermana, jiji, estás rojo como un tomate.

No dije nada, no parecía sorprendida. Al enjabonarme, cuando pasó su mano por mi pene, que estaba duro como una piedra me dio un escalofrío. Detuvo su mano allí.

- Terreno sensible por lo que veo, jiji.

- Oye, suficiente mal lo paso ya como para que te regodees y te rías. – Aquí me hice el tranquilo, pero  estaba muerto de miedo.

- Vale, sólo era por relajar la tensión

Estaba sentado en la bañera de espaldas a ella, desde fuera, de rodillas en el suelo mi hermana me lavaba. Me abrazó envolviendo mi pecho con sus brazos y me dio un beso en la mejilla. La cosa transurrió con normalidad.

Pero la normalidad no existía. Me moría de ganas por masturbarme, soñaba con que ella lo hiciese, pero no podía pedírselo, era mi hermana! Sólo de pensar en todo el tiempo que me quedaba así me angustiaba. Esa noche al acostarme volvió a notar que la cosa se había puesto dura, me miró el pene unos segundos, y luego me abrazó, me dió las buenas noches y un tierno beso.

22El día siguiente era sábado, íbamos comer a casa de mis padres, así que nos levantamos juntos. Después de hacerme el desayuno tocaba baño. Nuevamente, al desvestirme no pude controlarlo y mi pene se tornó duro y muy “cargado”.

- Oh, oh, esto empieza a ser un problema hermanito… – Lo tocó con las manos y lo acarició, yo estaba paralizado de vergüenza – No será que tu hermana te excita, jiji

No dije nada y me metí en la bañera, intente cerrar las piernas para esconderla un poco. Mientras me echaba el agua mi hermana empezó a masajearme la espalda y luego fue progresivamente abrazandome mientras bajaba los brazos.

- Con las manos así no puedes masturbarte, supongo que tienes que estar pasandolo mal – Me puse a temblar, no sabía que decir

- Eh, bueno, eso es un tema privado, yo…

- Ya, pero es que lo he pensado, y claro por eso se te pone dura todo el rato, no pasa nada es normal, y yo creo que lo estarás pasando mal.

- Bueno, es que me da vergüenza hablar contigo de estas cosas.

- Pues no sé por que, si al fin y al cabo soy tu hermana, y además te baño y te veo el pene erecto.

Ahora si que estaba “cagado”, no sabía que decir, le quería pedir a gritos que me masturbase, pero tenía miedo de lo que pensase o de la situación en sí.

- Ayer pensé que tal vez, yo podría masturbarte, sé que te dará vergüenza pero será mejor tal vez, no sé, es algo normal, no sería nada sexual, sería algo más como ducharte y tal, a mi no me da vergüenza, si es por tu bien no me importa hacerlo de verdad.

Mientras lo decía comenzó a acariciarme el pene.

- María… no sé que decir… yo, es que…

- No digas nada tonto, relájate que no es para tanto. No vas a estar  así todo el tiempo, de verdad, que no pienses nada raro…

- María, no…

Con un brazo me envolvió y me acariciaba el pecho y con la otra mano comenzó con un suave masaje en el pene. Yo estaba en éxtasis, tantos días de acumulación… Me agarró el pene con suavidad y comenzó a masturbarme, acompañó el proceso con suaves besos en el cuello y mejía y yo me entregué al placer. no me atrevía a girar el cuello y mirarla

Conforme mi respiración empezó a tornarse dura ella aceleró, con el otro brazó me apretó con fuerzo y los suaves besos se convirtieron en lametones de cuello y muchos besos en la cara y cuello.

- María…

- No digas nada, sólo disfruta…

La situación ya no tenía freno. Batía mi pene con velocidad mientras seguía apretándome contra ella, la notaba a mi espalda con fuerza, envuelto por sus brazos y su respiración algo acelerada, sobre mi nuca se alternaba con los besos que iba dandome en el cuello.

Empecé a llegar al climax y ella comenzó a jadear conmigo. Me apretó con fuerza, cada vez con mas energía, ya no podía controlarlo, comencé a jadear su nombre, “María… María… me corro…” Mi hermana me apretó con mas fuerza y comenzó a gemir, como si fueses ella la que se estaba masturbando y entonces me corrí, me revolqué y todo me tembló.  Me quedé paralizado y estuvimos un rato inmoviles, ella seguía abrazada a mi espalda y me acariciaba.

- ¿Te ha gustado?

- Sí…

- Ves, ha estado guay, esto es algo natural, yo también me masturbo y si no tuviese manos sería una putada, de modo que no te preocupes ni te de cosa, ya te dije que yo sería tus manos para todo, y esto no es muy diferente de ducharse o cualquier otra tarea diaría.

53

Terminó la ducha con normalidad. Casi ni hablé y ella tampoco me dijo demasiado al verme así, aunque siguió tan cariñosa como siempre. Fuimos a casa de mis padres a comer, me sentía mal, sin embargo ella se comportaba con una naturalidad increible, de hecho parecía más contenta que nunca. Además le contaba orgullosa a mis padres lo bien que me cuidaba y ellos estaban la mar de contentos. Pero yo estaba sumido en un caos total, de hecho cada vez que me miraba durante la comida yo apartaba la vista.

(Pasa a la segunda parte)

Gisella: Hermana y ninfómana

Posted: marzo 8, 2009 in General

x0116Mi hermana tiene tres cosas enormes, sus dos pechos y un trastorno sexual. Desde muy pequeña que se masturbaba a diario y a todas horas, no sé cuando fueron conscientes mis padres pero era imposible no verlo. Compartíamos habitación, ella dormía en la cama de abajo de la litera y todas las noches se masturbaba a mi me molestaba al principio aunque después pasé a hacer lo mismo escuchando sus jadeos.

Ella no era consciente que lo notaba porque no sólo lo hacía en la cama, sino en el sofá tumbada bocabajo o cualquier otra circunstancia. A veces simplemente se encerraba en el cuarto y precedía con la misma postura. Yo siempre me hacía el disimulado pero de reojo mientras estaba con el ordenador la veía ponerse roja y gemir en silencio y he de reconocer que me excitaba.

El problema se ha hecho tan grande que mis padres han tenido que asumirlo y hacer algo, con mucha discreción, eso si. Ahora mi hermana tiene dieciseis años y un cuerpazo, y se comporta a veces como una auténtica cerda o como una enferma. No es que haga lo mismo que cuando tenía nueve años, ahora es mucho más exagerado. Tiene su propio cuarto y se masturba igual, en su cama, en la mía, en el baño, en el sofá… Cuando estoy yo delante no se corta a veces pienso que le da igual, se tapa con la mantilla y la escucho jadear, hago que no me entero.x0440

Pero es una enfermedad. Hace vida normal pero de repente se excita y necesita desahogarse, pierde el control  y se comporta como una salida, o algo peor. Podría enumerar un catálogo de barbaridades y guarradas pero no terminaría. Se ha cepillado a medio instituto y ha protagonizado escenas ciertamente bochornosas, ya es conocida como la puta del barrio. Ante semajante situación mis padres tomaron conciencia y la llevaron a un médico.

La han sometido a un estricto control, la verdad es que no sé exactamente en que consiste el tratamiento pues lo llevan con mucha discreción y no sé si mi hermana es consciente del problema. Pero el caso es que no le dejan salir de casa y la tienen controlada todo el tiempo,  a mi me han contado a medias pero sin decirme exactamente que le pasa… como si no lo supiese ya…

Pero no parece ir mejorando mucho. Cuando mis padres no están me hacen quedarme con ella. La veo y me da pena porque lo pasa mal, pero verla en el sofa como se excita es increiblemente excitante. Hace una semana por ejemplo, estabamos en el comedor y la vi sudar, estaba como nerviosa, dios parecía como si tuviese un monazo de la hostia, calculo que llevaba como dos dias sin masturbarse (mis padres le obligan a dormir con ellos). Se tapó con la manta y comenzó a masturbarse delante de mis narices, estaba tan ida que empezó a gemir como una cerda. No pude resistirlo, me tapé yo también e hice lo mismo. Dios como chilló al correrse.

x0474Se puso a llorar totalmente desconsolada al terminar, no sabía que hacer así que me acerqué y le abracé, no sabía decirle nada. Me apretó con todas sus fuerzas y siguió llorando, podía notar sus enormes pechos y el tacto de su cuerpo. Así pasamos unos veinte minutos hasta que terminó de llorar, no nos diguimos nada.

Durante la semana siguiente mis padres estuvieron encima de ella todo el tiempo. Ella tomaba una medicación pero creo que se la saltaba cuando podía sin que se enteraran. Casi me parecía una crueldad porque realmente lo pasaba mal. Era mi hermana, pero no podía evitar ponerme a cien viéndola cachonda, que digo, salida perdida, con aquel cuerpazo. Cuando mis padres no la veían se ponía contra la pared con una mano en un pecho y la otra en su sexo y comenzaba a frotarse, ponía una cara de salida increible, a mi me ponía cachondísimo pero a la vez me daba lástima.x0983

Llevaba seis días de control casi total, yo la veía deseperada, no sé si mis padres la veían igual  pero si se daban cuenta disimulaban. Tras la cena mi madre se fue a duchar y mi padre se puso a hacer unas tareas. Se levantó y fua hacia el pasillo, se apoyó en la pared y empezó a frotarse delante de mis narices. Su rostro era el de un animal en celo. Me acerqué a ella, le abracé, me apretó con fuerza pero no paró, de repente empezó a tener espasmos, perdió la fuerza en las piernas que le empezaron a temblar con violencia, tuve que agarrarla para que no se cayera. Quedo unos minutos así. Fuimos a la cocina para que bebiera agua, le temblaba todo el cuerpo. No sabía que decirle. Mi padre volvió, disimulamos.

x0573Al día siguiente mis padres tenían un pequeño viaje de fin de semana. Aunque no querían dejar sola a mi hermana decidieron dejarla a mi cargo.  Yo casi temía la situación. Cuando al fin se marcharon volví a entrar en casa tras haberles ayudado con las maletas, mi hermana estaba en el sofá. Llevaba unos días que no hablaba, perecía enfadada. Me senté en la butaza y me puse a ver la tele con ella. De repente me miró y le cambió la cara, puso cara de cerda, empezó a jadear sin tocarse, su respiración era muy fuerte. Entre jadeos logró susurrar algo así como “no aguanto más”, comenzó a tocarse, cada vez parecía  mas ida.

Daba una mezcla de pena y morbo verla así, con aquel cuerpazo, con tan poca ropa… Había perdido el control, comenzó a masturbarse y a restregarse contra el sofá. Cada vez chillaba más, me puso muy cachondo. Me saque la polla y empecé a masturbarme mientras la obervaba, era alucinante verla en ese estado, poseída por el instinto más básico. Pero de golpe me vió y se avalanzó sobre mi, comenzó a sobarme y a manosearme mientras me pedía que apagara su fuego, me lo pedía por favor y con una desesperación que me puso los pelos de punta.x0851

Me asusté, la aparté y subi a mi cuarto corriendo. Desde allí ecuché como se masturbaba y gritaba como una cerda. De repente se hizo un silencio. Me preocupé, pero la puerta se abrió. Allí estaba ella, semi desnuda, parecía que le acabasen de dar una paliza, la ropa medio rota, despeinada, sudada, y con una cara de loca que daba tanto miedo como morbo. Me quedé paralizado al ver como se acercaba a mi cama jadeando, haciendo el mismo ruido que podría hacer cualquier animal.

Pero al ponerse encima me dejé llevar. Comenzó a besarme con cierta violencia y le correspondí manoseándola. No hablaba, no podía más que emitir sonidos extraños y jadeos, estaba totalmente animalizada, su respiracíon era muy fuerte y no hacía más que chuparme por todas partes. Me imbuí de esa animalidad cuando me puse a mamar sus enormes tetas, sentía una ansiedad similar a la que se puedes sentir al comer algo delicioso tras días de ayuno. Más brutal fue cuando empezó a chupármela parecía que en cualquier momento iba a arrancármela de un mordisco.

Pero sin duda el climax fue el coito. Jamás imaginé que alguien pudiese gemir tanto. Fue tal la intensidad que me llenó el cuerpo de arañazos, de hecho parecía que la estuviese matando. Al acercarse al orgasmo me agarró con fuerza, se le pusieron los ojos en blanco, su respiración se aceleó de tal modo que creía que le iba a dar algo. De golpe explotó en mar de lágrimas, chillidos y espasmos. No podía más, la saqué y me corrí. Se quedó casi un minuto arqueándose y llorando a la vez que chillando como si la estuviesen matando.

De repente se quedó quieta. Me acerque y le abracé. Le cambió la cara, emergió una sonrisa que no le había visto en mucho tiempo, no dijo nada, se durmió.

x1037Al despertarse vino corriendo hasta mi, yo estaba preparando la comida. Sentía un gran remordimiento. Pero no así ella por lo visto, estaba radiantes, animada, muy contenta. Me abrazó con mucha fuerza. No hablamos del tema. Por la noche volvimos a hacerlo, de hecho todo el fin de semana lo pasamos haciendo el amor de una forma salvaje. Dude que en mi vida pudiera estar con una mujer que esté tan buena como mi hermana y con esa sed salvaje de sexo, posiblemente fue el mejor sexo de mi vida anterior y futura.

Al llegar el domingo le dije que no podía volverse a repetir. Lo cierto es que ella había estado muy bien, contenta, animada y  de repente su aparente mal estado de salud se le había quitado. Cuando llegaron mis padres, al verla tan conenta alucinaron, de hecho creían que era fruto del tratamieto y que mi hermana se estaba curando. De hecho tal vez era lo que necesitaba para estar bien.

- Bueno, ya veo que estar mejor y que pasar el fin de semana con tu hermano te ha ido bien – dijo mi padre delante de los dos – creo que va siendo hora que dejes de dormir con nosotros, tal vez debería dormir con tu hermano en la litera si no os importa.

Mi hermana sonrió, dijo muy animada que sí. Todos me miraron, tragué saliva, no podía decir otra cosa “Sí claro… no tengo ningún inconveniente” Todos se alegraron, miré a mi hermana, me clavó una mirada viciosa, se mordió el labio inferior y sonrió.

Su Historia (Mi historia)

Posted: diciembre 14, 2008 in General, Mi Historia

veryAntes de que llegara a acostarme con mi hermana no se podría decir que sintiese atracción sexual por ella. Al margen de nuestros juegos de la infancia, nunca le di más importancia y tampoco me fijé más de lo que cualquier hermano se fijaría. Pero aquella noche todo cambió.

Tener un pene descomunal es el sueño de muchos hombres, pero para mi llegó a ser más que una pesadilla. He de reconocer que nunca tuve demasiada suerte con mis relaciones y el tamaño de mi pene contribuía paradógicamente a ello. Inicialmente las mujeres con las que me acostaba solían pensar que “eso” no les cabía, les ponía nerviosas y a menudo necesitábamos usar lubricantes, todo ello me causaba una cierta frustración impidiéndome disfrutar. Mi última relación no terminó muy bien y desde entonces los demás intentos por acostarme con una mujer no iban por buen camino, la frustración y el miedo acababan convirtiéndose en dificultad para la erección y desde entonces tuve un cierto complejo. Llegué a pensar que nunca más podría acostarme con nadie.

Pero aquella noche, cuando penetré a mi hermana lo olvidé todo. Inicialmente el hecho de que fuese mi hermana me hacía actuar con total desinhibición, a diferencia de otras mujeres no tenía que hacer ningún esfuerzo por gustarles, simplemente estaba pasándolo bien. Pero ya cuando empezamos a bailar pegados se me puso dura, muy dura, y ella al notarlo apretó su pelvis contra mí. Y así continuó la cosa hasta casa, el alcohol de más impedía en parte darnos cuenta de la locura que estabamos cometiendo, pero al fin y al cabo no era muy diferente de nuestros juegos infantiles, aunque con unos cuantos años de más.p08a

Si tuviese que elegir una imagen escogería el momento en el que me vi con la polla fuera en completa erección y ella se la llevó a la boca mirándome. Jamás había visto tanto fuego y goce en una mirada, su entusiasmo en practicarme la felación sólo era un preámbulo de lo que estaba por acontecer. Nunca jamás me habían practicado una felación con tanta devoción, tal fue la situación y la sensación de volverme a ver con el pene duro como una piedra que caí imbuido por la situación hasta correrme.

Tal fue que yo mismo quedé impregnado de esa pulsión animal al verme como mi miembro volvía a estar duro. Penetrar a mi hermana no fue como con otras mujeres. Su recto era muy estrecho, pero estaba muy húmeda, no pareció dolerle ni molestarle. Me sentí vivo y poderoso, y al oirla gritar de placer a la primera envestida comencé a follarla con fuerza. Jamás imaginé que podría llegar a disfrutar tanto un coito. Notaba mi miembro entrar y salir en aquella cabidad húmeda, caliente y sobretodo, muy estrecha, a la vez veía a mi hermana gemir y temblar sin parar, totalmente ida, llegó a babear el sofá, como si estuviese en trance. Sus orgasmos fueron tan violentos que no pude evitar correrme.

Aquella noche fue tan impresionante que no nos quedó lugar a la culpa. No nos dijimos nada, pero sabíamos que volvería a repetirse. Sabíamos que no podríamos resistirnos a tal placer tan extremo. Era como transformarse, imbuidos por un instinto animal de lo más básico, casi desconocido en uno mismo, una culminación con una explosión final. Aquella noche terminamos tan agotados que luego no podíamos movernos.

Fantasías de una niña

Posted: noviembre 8, 2008 in General, Mi Historia

Puede parecer extraño que llegara a acostarme con mi hermano tras una noche de calentón, pero desde que era pequeña fue siempre mi fantasía sexual y el hecho de que no sucediese antes es porque tal vez no se dieron las circunstancias necesarias. Como toda hermana pequeña siempre quería estar con mi hermano mayor, quería ir con él a todas partes, sería demasiado decir que me excitaba, pero me gustaba estar con él y sobretodo, dormir con él.

Uno de los primeros “roces” sucedió hace muchos años, solíamos jugar a lucha libre, y a menudo terminabamos él tumbado en la cama y yo encima haciéndole una “llave”, pasábamos rato rozando la entrepierna, lo hacíamos con más inocencia que otra cosa, pero yo disfrutaba. Tiempo después recuerdo cuando yo tendría unos doce años que íbamos en el coche de mi madre bastantes personas y me puse encima de mi hermano, se le puso dura y busqué la manera para que pudiese tener contacto con mi vagina, el movimiento del coche me hacía moverme, ambos disfrutamos sin que nadie se diese cuenta. Tras aquello intentaba siempre aprovecha rcualquier excusa para sentarme encima suyo. Todos estos comportamientos fueron desapareciendo a medida que crecíamos, pero lo que no desapareció fue el morbo. A través de mi hermano había descubierto el placer que suponía rozar mi sexo, desde muy temprana edad me masturbaba y a menudo pensando en estas escenas. Desde la inocencia siempre me imaginaba sobre mi hermano, o abrazada a él mientras me rozaba, realmente no pensaba en el sexo, sino más bien en la mera excitación vaginal.

duchaHacia los catorce mi hermano era ya bastante mayor y salía mucho, ya no pasaba tanto tiempo con él e iba más a su bola, además ya estaba bien desarrollado y era guapete. A esta edad descubrí algo que cambió mi concepción. Llegué de la escuela con una ganas horribles de orinar, corrí al lavabo sin advertir que estaba ocupado, abri la puerta y entré, entonces vi a mi hermano frente a mi, totalmente desnudo con su gran miebro colgando, me quedé helada y muerte de vergüenza, él no pareció muy asustado, “veo que tienes prisa” se rió, se puso una toalla y salió del lavabo. Durante todos nuestros jueguecitos nunca había pensado en su pene, aquel falo colgante ya no se me quitó de la cabeza.

Procuraba a menudo buscar la situación en la que pudiese rozarme para notarle, sentía una enorme curiosidad. Siempre que iba en calzoncillos le observaba, sentía una enorme atracción. Recuero una vez que se quedó dormido en el sofa y tenía el pena erecto, me acerqué para observarlo de cerca, estaba fascinada, quería tocarlo, pero no me atreví por miedo a que se despertara. Por otra parte me entristecia que mi hermano ya no estuviese tanto por mi, en el fondo porque echaba de menos aquel contacto genital.

Pero como la historia se repite, una tarde que vinieron mis tíos pusieron una película, no recuerdo cuál, yo llegué tarde y todo el sofá estaba ocupado, intenté hacerme sitio al lado de mi hermano y acabé sentándome encima, aunque protestó no tuvo más remedio que aceptar. Todo el mundo estaba pendiente de la película, la luz apagada y mi hermano empalmado, con mucha discreción empecé a balancearme y buscar el roce. Pasamos toda la película así, ni me enteré de que iba, nadie se dió cuenta salvo nosotros dos. No nos digimos nada. Tiempo después se repitió una escena similar, estando los dos en el sofá de noche viendo una peli, me recosté sobre su muslo, él estaba recostado en diagonal  y me hice la dormida, me fui moviendo hasta poner su cara en su pene que enseguida se puso duro, me hice la dormida, no se movió y además me hizo alguna caricia.

A pesar de todo la tendencia a que estos comportamientos fuesen desapareciendo prosiguió, a temprana edad descubrí el sexo y otros chicos, creí que mi obsesión por mi hermano se quitaría, pero fue al contrario, contra más conocía mi cuerpo y el de los hombres, más quería el de mi hermano. Ya era más mayor y pronto se independizó, la distancia agravó mi deseo, era tensión acumulada, y gracias a que teníamos muy buena relación procuraba ir a verlo siempre que podía.

Sueños… o realidad

Posted: octubre 31, 2008 in General, Relatos

Mientras regresábamos del aeropuerto mi hermano seguía contando los últimos pormenores de su vuelta. Llevaba dos años fuera y estaba contento de volver, lo notaba mucho más mayor, o eso me parecía. Al llegar a casa estaba toda la familia esperándole. Lo típico, cuánto has crecido, cómo ha ido etc. Casi ni pude hablar mucho con él, lo poco “que guapa estás”, “qué tal los novios”, “ningunno? no me lo creo”, etc. Bebí dos copas de cava y al no estar acostumrbada me subió. Se me enrojecieron los mofletes, a mi hermano y los demás les pareció gracioso.

Tarde ya todo el mundo fue retirándose. Me bebí dos copas más y estas sí me subieron realmente, yo creo que lo disimulaba pero seguramente lo notaron, papá me dejó caer un “no tienes edad para beber tanto…” Pero la verdad es que recuerdo estar hiper contenta, la mezcla de emoción de ver de nuevo a mi hermano y reirme con sus chistes y el alcohol no fue mala del todo, aunque al día siguiente recuerdo un dolor de cabeza horrible. Al final nos quedamos los dos en el comedor charlando hasta que se hizo tarde. Le acompañé a su habitación y le llevé sábanas, con las que me tropecé y caí, quedando en el suelo riéndome. Mi hermano me levantó y llevó a mi cama, “creo que has bebido demasiado, no estás acostumbrada”.

Empecé a hacerme la tonta, y me quiré la camiseta, quedándome en sujetador delante suyo. “Ops…” Me reí y volví a ponérmela. “Ahora sí” Empecé a tararear música de streptease y me la volví a quitar. Ambos nos reimos. Me dió un beso en la mejilla y se marchó. Todo me daba vueltas, seguí por pura inercia y me desvestí. Quizá era culpa del acohol, pero me excité y al tumbarme en la cama empecé a masturbarme. Cerré los ojos e imaginé a mi hermando volviendo, viéndome desnuda, acariciándome. Así seguí hasta alcanzar el orgasmo. Cuando quise darme cuenta me vi desnuda, con la luz encendida y jadeando con fuerza. Mi hermano estaba en la habitación contigua, no sé cuánto habria chillado, no me había dado cuenta y sentí una horrible vergüenza. Apagué la luz, puse mi oreja contra la pared, puede que mi imaginación me engañara, pero creí escuchar a mi hermano masturbarse. Me excité y repetí.

La semana siguiente mis padres se marcharon de fin de semana. Salimos de copas los dos y volví a beber, no estaba nada acostumbrada a beber  y me puse tonta y pesada al regresar a casa abrí una botella de cava, mi hermano se opuso a que siguiera bebiendo pero tampoco parecía indispuesto a seguir bebiendo. Bebió bastante, supongo que para que yo no bebiese tanto y también acabó borracho. Nunca había bebido tanto y de repente pasé de un estado de euforia a un bajón horrible, fui al lavabo a vomitar, mi hermano vino a ayudarme. Me cogió mientras vomitaba y no sé si fue sin querer pero tuve la impresión que me había tocado los pechos a propósito. Al recuperarme le dije, “ayúdame”, me apoyé en él y empecé a desnudarme. Se quedó sorprendido. Me metí en la ducha, se quedó un rato mirándome mientras. Sonreí. “Has crecido mucho hermanita, tienes unos pechos preciosos, voy a terminarme el cava“.

Salí de la ducha totalmente recuperada y con ganas de beber más. Me puse unas bragas y una mini camisa abierta que casi ni me tapaba los pechos, cuando llegué al comedor mi hermano estaba sentado en el sofá con la botella de cava. Nos reimos sin motivo y le quité la botella, quedaba muy poco, “hala! ya te la has terminado y me has dejado sin!” Intentó quitármela, “Ya has bebido demasiado, lo que queda es para mi!

Di un paso hacia atrás, incliné la botella y me la derramé sobre mis pechos, “ah si? pues tendras que bebertela así…” Me acerqué hasta él y lentamente acercó un mano hacia mi pecho, me agarró por la cintura y me acercó para lamerme despacito.  Comenzó a lamer todos los restos de cava y yo comencé a excitarme mucho. Daba un pequeño recorrido con su lengua y me mordisqueaba con suavidad los pezones de vez en cuanto. Le quité la camiseta y me tumbó para seguir lamiéndome. Jadeaba con fuerza y por mero instinto le acaricié el paquete y fui deslizándome hacia él mientras em quitaba las bragas y empezaba a acariciar mi sexo. Le quité los pantalones y me lleve su pene a mi boca. Empezó a masturbarme, primero con dulcura y luego con mayor intensidad, tal fue la excitación que no tardé en llegar al orgasmo.

Suiguió acariciándome mientras nos hundiamos en un eterno beso. Mi respiración se había disparado, mi hermano me la iba además cortando con pequeños mordisquitos y yo no hacía más que temblar, mi corazón iba a estallar. Me inclinó hacia un lado y comenzó a penetrarme desde atrás. Lo hacía lentamente mientras sus manos se fundian con mis pechos y su lengua incendiaba mi boca. Poco a poco iba acelerando y no cesaban ni sus besos ni sus caricias. La suavidad se fue volviendo intensa, y la intensidad en fuerza. Yo le apretaba con fuerza a cada embestida, conforme aceleraba mis jadeos empezaban a convertirse en ligeros gritos.

La única palabrá que salió fue un ahogado chillido entre jadeos diciéndole que me apretara. Su cuerpo envestía con violencia el mío mientras me envolvía con sus brazos y amarraba con fuerza mis pechos. Mi cuerpo ardía y temblaba, mi cuerpo se acercaba al orgasmo, comencé a notar unos violentos espasmos, mi corazón aceleró de tal manera que iba a estallar. Mi hermano se aferraba a mi con fuerza y notaba su respiración sobre mi nuca. Mis piernas no tenían fuerzas y caí sobre la cama, me heché hacia un lado ansiosa y abrí las piernas para que mi hermano volviese a penetrarme. Volvió a hacerlo con fuerza, esta vez le veía la cara, roja, su cuerpo sudado arremetía contra mi. Los espasmos volvieron a apoderarse de mi, me dejaban sin respiración, un cosquilleo se apoderó de mí, chillé como si me estviese muriendo, no respiraba, todo mi cuerpo tembló, fua algo maravilloso y exagerado. Mi vista se nubló, mi última imagen fue de mi hermano abrazado a mí chillando, perdí el sentido.

Me desperté con una sonrisa de oreja a oreja, y una sensación de placer que nunca había tenido. Estaba en mi habitación, sola y con las bragas y la camisa. Me dolía todo el cuerpo de la resaca. Me puse nerviosa, ¿lo habrís soñado?, ¿sucedió de verdas? Recordaba todos los detalles, pero, ¿cómo había llegado hasta ahi? Bien podría haberme traído mi hermano, o bien había sido un sueño. Picaron a la puerta, me puse nerviosa. Entró mi hermano, me había hecho el desayuno. “Te he traido una aspirina para la resaca” Me dió un beso en la mejilla y se marchó.

Era horrible, ¿y si había pasado de verdad? No me había dicho nada, la manera de saberlo era preguntárselo, pero y si no hubiese pasado, ¿qué pensaría? Al salir se comportó como siempre. O bien lo había soñado, o bien hacía ver que no había pasado nada. Me comió la ansiedad, pero pronto comprendí, que pasara lo que hubiese pasado era mejor dejarlo así.

Mi Hermana (Preludio)

Posted: septiembre 2, 2008 in General, Relatos

“Basada en una historia real” Sigue el relato completo en la página “La Hermana

Su nombre es Marina y actualmente tiene 18 años, seis menos que yo, mi hermana es una auténtica belleza, siempre lo fue, y una explosión se sexualidad. Desde que tenía 14 años ya empezó a desarrollar un cuerpo fabuloso para su edad, destacaba además por su belleza y enamoraba a todo el mundo, ella que era consciente pronto empezó a aprovecharse de ello. Vivimos en una casa muy grande con nuestra madre, la cual pasa la mayor parte del tiempo fuera de casa por el trabajo viajando por el mundo, de modo que siempre he cuidado de mi hermana, hemos tenido siempre una relación muy estrecha y cercana por lo que siempre ha sido de contármelo todo, hasta lo más íntitmo.

El problema es que mi hermana es un demonio disfrazado de ángel, o si lo prefieren un lobo con piel de cordero. Con sus miradas y sonrisas enamora a todo el mundo y logra siempre aprovecharse de los demás o conseguir sus fines. Para mi madre mi hermana es una joya, buena estudiante y ejemplo a seguir, más o menos lo contrario que yo, al que me tiene en baja estima. Pero la realdiad es otra.

Mi hermana tuvo sus primeras relaciones sexuales a los 14 años, con esa edad descubrió que podía conseguir de los hombre lo que quisiera, y yo no iba a ser menos. Fue adquiriendo conmigo un comportamiento cada vez más dulce y mimoso, siempre se me abrazaba, me daba besos y solía pasearse semi desnuda, a veces incluso desnuda, o venía y me mostraba como su precioso cuerpo se desarrollaba, sin ningún pudor. A mi verla desnuda me excitaba, pues a pesar de ser mi hermana tenía un cuerpo impresionante. Con ello lograba hipnotizarme siempre. De hecho cada vez menos hacía las tareas de la casa, claro que mi madre eso no lo sabía, y para ella yo siempre era el hijo tonto y holgazán.

Pero fue a los quince años cuando se disparó. Se convirtión en un auténtico putón. Adoptó una forma de hablar y de hacer más exagerada, muy sensual y empezó a traer a chicos a casa y desarrollar una enorme actividad social. A mi me daba cierta envidia porque yo no es que tuviese mucha y ver como mi hermana con seis años menos tenía mucha más que yo me daba cierta envidia. Pero al fin y al cabo yo no tenía sus ojos y sus piernas. Si mi madre se huviese enterado de algo se habría enfadado, fues era muy estricta y conservadora, pero claro, para eso yo tendría que hablar, y luego creerme claro…

A sus quince añitos traía chicos a casa y se acostaba con ellos. Mi casa tiene dos partes conectada por un patio semi interior, el cual está cubierto y mi madre lo convirtió en una zona de recreo, con sofás-cama inmensos, un billar y demás cosas, la gracia está en que al ser artificialmente cerrado dan a él dos rejillas de ventilación, una cercana al techo desde donde se tiene una buena panorámica de la sala, y otra más abajo. Pues bién ella se traía siempre a los chicos a esta sala y yo la espiaba. Veía todas sus escenas de sexo y solía masturbarme, no negaré haber querido ser más de una vez alguno de esos chicos. Yo creo que ella siempre lo supo pero nunca me dijo nada, quizá porque o bien le daba morbo que mirara o bien porque le interesaba guardarselo por si algún día me quería chantajear o humillar con ello en caso de que quisiese chivarme a mi madre, mi hermana era así.

Otras veces organizaba fiestas a las que yo por su puesto no estaba invitado, mi hermana fingía quererme, pero yo sé que me tenía como a un pringao. En las fiestas solía dejar que la manosearan, yo a veces deseaba poder hacer lo mismo con ella cuando se me sentaba encima y me besaba. Después siempre acababa yo recogiendo. Si me enfadaba me comía a besos, me abrazaba y buscaba alguna excusa, o buscaba la excusa para desnudarse, toda una táctica para paralizarme. Con sus 15 añitos cuando consideraba que se había excedido conmigo, me sacaba de paseo… sí digo bien. Me invitaba al parque de atracciones o a tomar un helado. Le llamaba a esto “Días familiares”. Decía que se pasaba el día rodeada de chichos que lo que querían era follársela, que no le disgustaba, pero que a veces le apetecía pasar un día sin esta presión. Por lo tanto a veces dedicaba un día conmigo (si supiese que yo también quería follarla…), sentía cierta humillación que ella con 15 años y yo con 21 tuviese que llevarme a los sitios. Pero disfrutaba, se pasaba el día cogida a mi, dándome picos y besitos, me cogía de la mano y se pasaba el día diciendo que era feliz y que se lo estaba pasando bien. En el fondo me gustaba ver como los demás chicos me miraban con envidia a mi y a ella con deseo y pensar que ese día ella era para mí. Todo ello tenía gran parte de teatro, pues mi hermana lo hacía para tenerme contento y que luego no le dijese nada a mi madre, pero aun sabiéndolo yo, le funcionaba.

Esta fue la dinámica de vida con mi hermana, que fue a más hasta llegar al fin el día que logré mi ansiado deseo prohíbido. Pero antes de llegar a ello pasaron muchas cosas. La cosa progresó a un punto en el que mi hermana vivía como una marquesa, no hacía nada, yo se lo hacía todo y encima le daba dinero (porque con la paga de mi madre no le llegaba…), yo le falsificaba a menudo las notas para que mi madre no viese que no era tan buena estudiante y se las firmaba también. A sus 16 años decidió que quería ser modelo y inició sus pinillos, lo logró a base de follarse a mucha gente. Cada vez era más “cerda” y contra más lo era más me ponía. Me hizo convertirme en su apoyo y me acabo teniendo pillado por las pelotas, comenzó a salir en revistas y a ganar dinero, sin que mi madre lo supiese, ella seguía creyendo que estaba haciendo el bachillerato, de hecho a los dos años hasta falsifiqué las notas y el título para que mi madre lo creyese… Se acabó operando los pechos poniéndose unos enormes, con lo que aumentó mi deseo y por consiguiente mi deseo. Pero todo esto con más detalles lo contaré poco a poco.

Sigue mi historia con más detalle en “La Hermana




Recuerdo que una vez cuando tenía catorce años llegué a casa de la escuela antes de hora, al entrar escuché gemidos, mi hermano estaba viendo una película porno en su habitación y no se había dado cuenta de que había llegado. Tenía la puerta entreabierta y me acerqué sigilosa, conforme me acerqué empecé a escuchar a mi hermano jadear y un fuerte y repetitivo fregamiento. Me dió mucho reparo que se diese cuenta que estaba ahí pero el morbo pudo con el miedo y lentamente me asomé, lo vi de espaldas, sentado frente al ordenador y masturbándose, desgraciadamente no le vi nada pero me puso muy cachonda. Rápidamente salí sin hacer ruido de casa y volví algo más tarde, al entrar ya había terminado y él ajeno a todo me recibió con un beso. No me pude quitar aquella imagen y estuve mucho tiempo masturbándome pensando en ello. Tuve desde entonces una fantasía sexual y era que se masturbase encima mío.

El otro día mi hermano vino a casa, cuando mis padres se fueron a dormir se lo conté. Al saberlo se rió y me besó, acto y seguido me tumbó sobre mi cama, cerró la puerta y se bajó los pantalones. Se puso sobre mi poniendo su enorme aparato a la altura de mi cara y empezó a masturbarse, pronto el olor a polla me envolvió y me excité muchísimo, estaba cumpliendo la fantasía sexual de mi infancia.

Recostada sobre la cama veía su rabo agitándose con fuerza, él me miraba y jadeaba, su polla cerca de mi cara rugía con poder y su olor me volvía loca. Le empecé a susurrar, “córrete… llename de leche…” Le temblaron las piernas, me apretó con ellas y se aguantó de no hacer ruido, cerré los ojos un momento, abrí la boca y al abrirlos estaba empapada de su leche, cuya gran parte cayó en mi boca y pude saborearla, siempre tan deliciosa.