Hermanos y algo más…
I – “yo seré tus manos”
Hola, me llamo Carlos y quiero compartir mi historia sobre mi hermana María.
Desde que mi hermana se empezó a hacer mayor he tenido deseos hacia ella, como mera fantasía a menudo he imaginado o soñado escenas eroticas con ella, y debo confesar que me masturbaba pensando en ella.
Actualmente tengo 28 años. Mi hermana se vino a vivir conmigo al empezar el instituto ya que en el pueblo de mis padres no había. Cuando vino tenía sólo 14 años, pero yo entonces ya tenía mis fantasías, de las que siempre me había avergonzado. Ella siempre me ha tenido mucho aprecio y nos hemos tratado siempre con mucho cariño, pero desde que se vino a vivir conmigo se empezaron a dar diversas situaciones.
Comencé a fijarme en su cuerpo y siempre tuve la impresión que ella se fijaba mucho en mí. Con el tiempo empecé a espiarle cuando se cambiaba o cuando se duchaba, un día descubrí que ella también lo hacía. No hice nada al respecto, de hecho me gustaba. Luego pasé a ponerme tras la puerta del lavabo a escuchar como se masturbaba, a pasearme en calzoncillos y comprobar como descaradamente me miraba las partes, y a mirarla de reojo cuando se paseaba desnuda o semidesnuda por la casa.
Siempre se comportó con una enorme naturalidad cosa que alimentó en parte la paranoya de que le gustaba que le mirase o espiase. Así pasaron un par de años y la situación se había convertido en algo obsesiva por mi parte y empezaba a estar preocupado. Me masturbaba pensaba en ella, me pasaba el tiempo imaginando situaciones y disimulando cuando la miraba.Llegó el punto en el que cuando me abrazaba o besaba se me ponía dura y aunque procuraba disimular yo creo que se daba cuenta y actuaba como si nada. A fin de cuentas éramos hermanos.
Tras este tiempo el ritual consistía en sus baños. Siempre tardaba mucho y un día de casualidad la escuché jadear. Desde entonces cada vez que se bañaba solía poner la oreja tras la puerta y escuchar los chasquidos del agua, sus jadeos y luego los golpes y suaves gemidos cuando llegaba al orgasmo. De hecho fue una situación que fue a más. Al principio no hacía mucho ruido, lo disimulaba, luego pasé a tener la impresión que no se escondía (¿Me habría descubierto?), y al final parecía exagerar. Cerraba el grifo y se masturbaba, con lo que podía escucharla perfectamente. ¿Sabría que le espiaba y por eso lo hacía? Y de ser así, ¿le excitaba que yo estuviese escuchando?
Todas estas cosas me obsesionaban. Ya no eran fantasías, era deseo serio sobre mi hermana menor. Un día de cotidiana ducha-espionaje, me encontraba pegado como siempre a la puerta escuchándola, y cuando pareció llegar al orgasmo (normalmente solía jadear un síiii o ahhh o ambos), comenzó a gemir “síiii, Carlos, carloooooosss, ahhhh“. Me quedé petrificado.
Al día siguiente aprovechando que estaba en el instituto entré en su habitación y qué sorpresa encontrar en medio de la cama a la vista su diarío. ¿Lo habría dejado a la vista a propósito? Lo cogí y lo abrí por la página que estaba marcada, era la más reciente. Leí las dos últimas ojas, pero no encontré nada. Pero en la hoja anterior leí un pequeño título que puso mi corazón a mil. “Mi fantasía sexual” Lo transcribo aproximado:
“Querido diario. Quiero contarte mi nueva fantasía, he soñado varias veces con ello y cada vez que la imagino me excito mucho. Me imagino que estoy dormida en mi cama y de repente, silenciosamente entra Carlos por la puerta y se mete en mi cama. Yo me despierto y me encuentro con las manos atadas y sin bragas mientras Carlos me manosea, y acto y seguido empieza a penetrarme con fuerza. En el sueño paso miedo e intento gritar pero él me tapa la boca y no me deja hasta que termina.
Pero cuando luego lo recuerdo o lo imagino, ser violada por Carlos me excita muchísimo. No digo que me gustaría que pasase, pero me excita mucho.”
Aunque no hacía una mención directa a su hermano,¿sería yo Carlos? Rebusqué en el diario pero no encontré nada sobre algún chico o noviete llamado Carlos. Estuve todo el día conmocionado. Quería creer que era yo por un lado, pero a la vez me asustaba que así fuese. Por otra parte, ¿y sí no se refería a mi? Me daba vergüenza estar pensando estas cosas, pues no era otra que mi hermana.
La situación continuó con cierta normalidad, pero entonces ocurrió algo totalmente inesperado y oportuno. Tuve un accidente laboral y me fracturé ambas muñecas, el resultado, las dos manos escayoladas. Esto me obligaba a depender de otra persona para hacerlo prácticamente todo. Es decir, que hacía dos días estaba masturbándome pensando en mi hermana y ahora ella tendría que hacermelo prácticamente todo. Mi hermana no pareció preocupada, es más, parecía contenta por cuidar de su hermanito y no tenía ningún inconveniente en vestirme, lavarme… El asunto me puso nervioso, me moría de vergüenza en verdad. A pesar de tener las manos escayoladas podía ir a lavabo con normalidad aunque con alguna dificultad, pero vestirme y ducharme me era imposible.
Lo bochornosos del asunto ya empezó en el hospital. Cuando se habló del tema y mi hermana estaba tan alegre, el médico y la enfermera hablaban con toda naturalidad del asunto y le comentaban a mi hermana lo que tenía que hacer. Es más, resaltaron lo responsable que era y la suerte que tenía al vivir con una hermanita tan buena y que tanto me quería, no podían imaginarse lo que me pasaba por la cabeza.
La primera noche en casa fue las más dura. Me hizo la cena y estuvo atenta a mi, incluso se ofreció a “aguantarmela”, pero eso podía hacerlo solo… menos abrocharme la cremallera, cosa que hizo con alegría mientras me moría de la vergüenza. Llegado el punto de desvestirme para ponerme el pijama fue aun peor.
- No sé porque te da tanta vergüenza, ya te he visto desnudo otras veces, además soy tu hermana - Era increible la naturalidad con lo que lo hacía, es más parecía disfrutar mientras yo me moría de pudor.
- Ya pero de eso hace muchos años, y tú…
- ¿Yo qué? ibas a decir que ahora soy más mayor… vah, no creas que voy a asustarme por verte la picha.
El segundo día insistió en lavarme! No quise hacerlo, alegué que estaba cansado y me encontraba mal. El día transcurrió con normalidad, me hizo la comida al llegar de clase, estuvo por mi todo el día, lo cierto es que se podía decir que estaba como un rey. A la noche me puso el pijama, me lavó los dientes, etc.
Al siguiente día volvió a insistirme en la ducha. No había mas remedio, no iba a estar sin lavarme siempre.
- Podemos ducharos juntos, como cuando éramos pequeños.
- Mira, María, a mi esto me da mucha vergüenza así que prefiero que me ayudes a ducharme pero yo solo.
- Como quieras, era para hacer la situación algo más natural, que ya sé que te da cosa eso de que “te laven”.
Sonrío y empezó a quitarme la camiseta. Yo casi temblaba. Llegó el momentó y me quitó los pantalones, se detuvo a observar mi pene, “Veo que mi hermanito no está mal dotado” Hice una exclamación y me tapé como pude, luego me meti en la bañera, ella desde fuera me echó el agua por encima y luego me enjabonó, lo hizo con una ternura increible, en especial al llegar a mis partes, las cuales masajeó con suavidad. Me puse colorado.
- Jajaja, no me puedo creer que lo estés pasando tan mal, y eso que tu eres el mayor, a mi no me daría ninguna vergïenza si me tuvieses que lavar.
Al terminar me vistió pero sin quitarme la vista de mi pene. Luego me abrazó y me besó en la mejilla, me dijo “ves, no ha sido para tanto”. Lo cierto es que tenía razón.
Al día siguiente ya empezaba a acostumbrarme a que me lo hiciera todo. María a parte de ser muy hermosa, tiene una sonrira y una manera de hacer las cosas que lo facilita todo, y eso era de agradecer. Pero el problema era que por las noches soñaba con ella, en realidad toda esta situación me excitaba muchísimo y no podía masturbarme. De hecho mi nueva fantasía era que me masturbase. Y esto era un problema.
Con el siguiente baño esa fantasía me traicionó. Al quitarme la ropa no pude evitarlo y mi pene empezó a ponerse duro. “Oh, vaya…” Me puse colorado e intenté justificarme, me quería morir.
- No te pongas así, esto es normal, no pasa nada, metete en la ducha y no seas tontaina, vergonzoso!
-Es que…
- Bla,bla, es algo normal, no creas que pienso que eres un marrano por ponerte así con tu hermana, jiji, estás rojo como un tomate.
No dije nada, no parecía sorprendida. Al enjabonarme, cuando pasó su mano por mi pene, que estaba duro como una piedra me dio un escalofrío. Detuvo su mano allí.
- Terreno sensible por lo que veo, jiji.
- Oye, suficiente mal lo paso ya como para que te regodees y te rías. – Aquí me hice el tranquilo, pero estaba muerto de miedo.
- Vale, sólo era por relajar la tensión
Estaba sentado en la bañera de espaldas a ella, desde fuera, de rodillas en el suelo mi hermana me lavaba. Me abrazó envolviendo mi pecho con sus brazos y me dio un beso en la mejilla. La cosa transurrió con normalidad.
Pero la normalidad no existía. Me moría de ganas por masturbarme, soñaba con que ella lo hiciese, pero no podía pedírselo, era mi hermana! Sólo de pensar en todo el tiempo que me quedaba así me angustiaba. Esa noche al acostarme volvió a notar que la cosa se había puesto dura, me miró el pene unos segundos, y luego me abrazó, me dió las buenas noches y un tierno beso.
El día siguiente era sábado, íbamos comer a casa de mis padres, así que nos levantamos juntos. Después de hacerme el desayuno tocaba baño. Nuevamente, al desvestirme no pude controlarlo y mi pene se tornó duro y muy “cargado”.
- Oh, oh, esto empieza a ser un problema hermanito… – Lo tocó con las manos y lo acarició, yo estaba paralizado de vergüenza – No será que tu hermana te excita, jiji
No dije nada y me metí en la bañera, intente cerrar las piernas para esconderla un poco. Mientras me echaba el agua mi hermana empezó a masajearme la espalda y luego fue progresivamente abrazandome mientras bajaba los brazos.
- Con las manos así no puedes masturbarte, supongo que tienes que estar pasandolo mal – Me puse a temblar, no sabía que decir
- Eh, bueno, eso es un tema privado, yo…
- Ya, pero es que lo he pensado, y claro por eso se te pone dura todo el rato, no pasa nada es normal, y yo creo que lo estarás pasando mal.
- Bueno, es que me da vergüenza hablar contigo de estas cosas.
- Pues no sé por que, si al fin y al cabo soy tu hermana, y además te baño y te veo el pene erecto.
Ahora si que estaba “cagado”, no sabía que decir, le quería pedir a gritos que me masturbase, pero tenía miedo de lo que pensase o de la situación en sí.
- Ayer pensé que tal vez, yo podría masturbarte, sé que te dará vergüenza pero será mejor tal vez, no sé, es algo normal, no sería nada sexual, sería algo más como ducharte y tal, a mi no me da vergüenza, si es por tu bien no me importa hacerlo de verdad.
Mientras lo decía comenzó a acariciarme el pene.
- María… no sé que decir… yo, es que…
- No digas nada tonto, relájate que no es para tanto. No vas a estar así todo el tiempo, de verdad, que no pienses nada raro…
- María, no…
Con un brazo me envolvió y me acariciaba el pecho y con la otra mano comenzó con un suave masaje en el pene. Yo estaba en éxtasis, tantos días de acumulación… Me agarró el pene con suavidad y comenzó a masturbarme, acompañó el proceso con suaves besos en el cuello y mejía y yo me entregué al placer. no me atrevía a girar el cuello y mirarla
Conforme mi respiración empezó a tornarse dura ella aceleró, con el otro brazó me apretó con fuerzo y los suaves besos se convirtieron en lametones de cuello y muchos besos en la cara y cuello.
- María…
- No digas nada, sólo disfruta…
La situación ya no tenía freno. Batía mi pene con velocidad mientras seguía apretándome contra ella, la notaba a mi espalda con fuerza, envuelto por sus brazos y su respiración algo acelerada, sobre mi nuca se alternaba con los besos que iba dandome en el cuello.
Empecé a llegar al climax y ella comenzó a jadear conmigo. Me apretó con fuerza, cada vez con mas energía, ya no podía controlarlo, comencé a jadear su nombre, “María… María… me corro…” Mi hermana me apretó con mas fuerza y comenzó a gemir, como si fueses ella la que se estaba masturbando y entonces me corrí, me revolqué y todo me tembló. Me quedé paralizado y estuvimos un rato inmoviles, ella seguía abrazada a mi espalda y me acariciaba.
- ¿Te ha gustado?
- Sí…
- Ves, ha estado guay, esto es algo natural, yo también me masturbo y si no tuviese manos sería una putada, de modo que no te preocupes ni te de cosa, ya te dije que yo sería tus manos para todo, y esto no es muy diferente de ducharse o cualquier otra tarea diaría.

Terminó la ducha con normalidad. Casi ni hablé y ella tampoco me dijo demasiado al verme así, aunque siguió tan cariñosa como siempre. Fuimos a casa de mis padres a comer, me sentía mal, sin embargo ella se comportaba con una naturalidad increible, de hecho parecía más contenta que nunca. Además le contaba orgullosa a mis padres lo bien que me cuidaba y ellos estaban la mar de contentos. Pero yo estaba sumido en un caos total, de hecho cada vez que me miraba durante la comida yo apartaba la vista.
Continuará…
Mi hermana tiene tres cosas enormes, sus dos pechos y un trastorno sexual. Desde muy pequeña que se masturbaba a diario y a todas horas, no sé cuando fueron conscientes mis padres pero era imposible no verlo. Compartíamos habitación, ella dormía en la cama de abajo de la litera y todas las noches se masturbaba a mi me molestaba al principio aunque después pasé a hacer lo mismo escuchando sus jadeos.
Se puso a llorar totalmente desconsolada al terminar, no sabía que hacer así que me acerqué y le abracé, no sabía decirle nada. Me apretó con todas sus fuerzas y siguió llorando, podía notar sus enormes pechos y el tacto de su cuerpo. Así pasamos unos veinte minutos hasta que terminó de llorar, no nos diguimos nada.
Al día siguiente mis padres tenían un pequeño viaje de fin de semana. Aunque no querían dejar sola a mi hermana decidieron dejarla a mi cargo. Yo casi temía la situación. Cuando al fin se marcharon volví a entrar en casa tras haberles ayudado con las maletas, mi hermana estaba en el sofá. Llevaba unos días que no hablaba, perecía enfadada. Me senté en la butaza y me puse a ver la tele con ella. De repente me miró y le cambió la cara, puso cara de cerda, empezó a jadear sin tocarse, su respiración era muy fuerte. Entre jadeos logró susurrar algo así como “no aguanto más”, comenzó a tocarse, cada vez parecía mas ida.
Al despertarse vino corriendo hasta mi, yo estaba preparando la comida. Sentía un gran remordimiento. Pero no así ella por lo visto, estaba radiantes, animada, muy contenta. Me abrazó con mucha fuerza. No hablamos del tema. Por la noche volvimos a hacerlo, de hecho todo el fin de semana lo pasamos haciendo el amor de una forma salvaje. Dude que en mi vida pudiera estar con una mujer que esté tan buena como mi hermana y con esa sed salvaje de sexo, posiblemente fue el mejor sexo de mi vida anterior y futura.
Antes de que llegara a acostarme con mi hermana no se podría decir que sintiese atracción sexual por ella. Al margen de nuestros juegos de la infancia, nunca le di más importancia y tampoco me fijé más de lo que cualquier hermano se fijaría. Pero aquella noche todo cambió.








































Al entrar en casa me dirigí a su cuarto, estaba estudiando, le di un beso y me senté a su lado en la cama. “Hola cariño, cómo estás”, “Estaba estudiando, ¿dónde has estado?” Le dije que había estado haciendo unos recados, le acaricié. “Mami te ha comprado tu cena favorita” , se puso contento y me dió un beso en la mejilla. Le volví a acariciar y le dije, “pero el postre te lo tomarás ahora”. “Es que ahora estaba estudiando…” Me levanté la camisa de tirantes y dejé al aire mis pechos, “mmmhh, un buen hijo siempre hace lo que le dice su mamá… y tu mamá quiere polla, así que sé bueno y dasela a tu mamá…”
puso de rodillas sobre la cama,los pantalones y se la saqué, qué delicia. Me miraba como un animal en celo, la misma mirada que desde siempre tenía cuando se sentaba a mi lado y me miraba las tetas. Antes me asustaba, verlo así, apretando los dientes con los ojos salidos de sus orbitas, animalizado. Recuerdo una vez que entró en el lavabo mientras me duchaba, le había “destetado”, llevaba dos días sin tocarme, ese día se acercó a la bañera y puso esa cara mientras yo me bañaba. Me dio miedo, se empezó a masturbar y ponía cara de salido total, temí que terminase haciendo una locura y entonces me acerqué y se me tiró a la teta. Me la mamó como lo haría un bebé hambriento y me gustó. Hoy cuando le veo esa cara me pongo cachonda, cuando pone esa cara de salido, de animal, y hoy la perra en celo soy yo. Por primera vez no le he “prestado” mi cuerpo para que descarge, hoy me he entregado a él para descargarme. Hoy estoy haciendo el amor con mi hijo.

