Mientras regresábamos del aeropuerto mi hermano seguía contando los últimos pormenores de su vuelta. Llevaba dos años fuera y estaba contento de volver, lo notaba mucho más mayor, o eso me parecía. Al llegar a casa estaba toda la familia esperándole. Lo típico, cuánto has crecido, cómo ha ido etc. Casi ni pude hablar mucho con él, lo poco “que guapa estás”, “qué tal los novios”, “ningunno? no me lo creo”, etc. Bebí dos copas de cava y al no estar acostumrbada me subió. Se me enrojecieron los mofletes, a mi hermano y los demás les pareció gracioso.
Tarde ya todo el mundo fue retirándose. Me bebí dos copas más y estas sí me subieron realmente, yo creo que lo disimulaba pero seguramente lo notaron, papá me dejó caer un “no tienes edad para beber tanto…” Pero la verdad es que recuerdo estar hiper contenta, la mezcla de emoción de ver de nuevo a mi hermano y reirme con sus chistes y el alcohol no fue mala del todo, aunque al día siguiente recuerdo un dolor de cabeza horrible. Al final nos quedamos los dos en el comedor charlando hasta que se hizo tarde. Le acompañé a su habitación y le llevé sábanas, con las que me tropecé y caí, quedando en el suelo riéndome. Mi hermano me levantó y llevó a mi cama, “creo que has bebido demasiado, no estás acostumbrada”.
Empecé a hacerme la tonta, y me quiré la camiseta, quedándome en sujetador delante suyo. “Ops…” Me reí y volví a ponérmela. “Ahora sí” Empecé a tararear música de streptease y me la volví a quitar. Ambos nos reimos. Me dió un beso en la mejilla y se marchó. Todo me daba vueltas, seguí por pura inercia y me desvestí. Quizá era culpa del acohol, pero me excité y al tumbarme en la cama empecé a masturbarme. Cerré los ojos e imaginé a mi hermando volviendo, viéndome desnuda, acariciándome. Así seguí hasta alcanzar el orgasmo. Cuando quise darme cuenta me vi desnuda, con la luz encendida y jadeando con fuerza. Mi hermano estaba en la habitación contigua, no sé cuánto habria chillado, no me había dado cuenta y sentí una horrible vergüenza. Apagué la luz, puse mi oreja contra la pared, puede que mi imaginación me engañara, pero creí escuchar a mi hermano masturbarse. Me excité y repetí.
La semana siguiente mis padres se marcharon de fin de semana. Salimos de copas los dos y volví a beber, no estaba nada acostumbrada a beber y me puse tonta y pesada al regresar a casa abrí una botella de cava, mi hermano se opuso a que siguiera bebiendo pero tampoco parecía indispuesto a seguir bebiendo. Bebió bastante, supongo que para que yo no bebiese tanto y también acabó borracho. Nunca había bebido tanto y de repente pasé de un estado de euforia a un bajón horrible, fui al lavabo a vomitar, mi hermano vino a ayudarme. Me cogió mientras vomitaba y no sé si fue sin querer pero tuve la impresión que me había tocado los pechos a propósito. Al recuperarme le dije, “ayúdame”, me apoyé en él y empecé a desnudarme. Se quedó sorprendido. Me metí en la ducha, se quedó un rato mirándome mientras. Sonreí. “Has crecido mucho hermanita, tienes unos pechos preciosos, voy a terminarme el cava“.
Salí de la ducha totalmente recuperada y con ganas de beber más. Me puse unas bragas y una mini camisa abierta que casi ni me tapaba los pechos, cuando llegué al comedor mi hermano estaba sentado en el sofá con la botella de cava. Nos reimos sin motivo y le quité la botella, quedaba muy poco, “hala! ya te la has terminado y me has dejado sin!” Intentó quitármela, “Ya has bebido demasiado, lo que queda es para mi!“
Di un paso hacia atrás, incliné la botella y me la derramé sobre mis pechos, “ah si? pues tendras que bebertela así…” Me acerqué hasta él y lentamente acercó un mano hacia mi pecho, me agarró por la cintura y me acercó para lamerme despacito. Comenzó a lamer todos los restos de cava y yo comencé a excitarme mucho. Daba un pequeño recorrido con su lengua y me mordisqueaba con suavidad los pezones de vez en cuanto. Le quité la camiseta y me tumbó para seguir lamiéndome. Jadeaba con fuerza y por mero instinto le acaricié el paquete y fui deslizándome hacia él mientras em quitaba las bragas y empezaba a acariciar mi sexo. Le quité los pantalones y me lleve su pene a mi boca. Empezó a masturbarme, primero con dulcura y luego con mayor intensidad, tal fue la excitación que no tardé en llegar al orgasmo.
Suiguió acariciándome mientras nos hundiamos en un eterno beso. Mi respiración se había disparado, mi hermano me la iba además cortando con pequeños mordisquitos y yo no hacía más que temblar, mi corazón iba a estallar. Me inclinó hacia un lado y comenzó a penetrarme desde atrás. Lo hacía lentamente mientras sus manos se fundian con mis pechos y su lengua incendiaba mi boca. Poco a poco iba acelerando y no cesaban ni sus besos ni sus caricias. La suavidad se fue volviendo intensa, y la intensidad en fuerza. Yo le apretaba con fuerza a cada embestida, conforme aceleraba mis jadeos empezaban a convertirse en ligeros gritos.
La única p
alabrá que salió fue un ahogado chillido entre jadeos diciéndole que me apretara. Su cuerpo envestía con violencia el mío mientras me envolvía con sus brazos y amarraba con fuerza mis pechos. Mi cuerpo ardía y temblaba, mi cuerpo se acercaba al orgasmo, comencé a notar unos violentos espasmos, mi corazón aceleró de tal manera que iba a estallar. Mi hermano se aferraba a mi con fuerza y notaba su respiración sobre mi nuca. Mis piernas no tenían fuerzas y caí sobre la cama, me heché hacia un lado ansiosa y abrí las piernas para que mi hermano volviese a penetrarme. Volvió a hacerlo con fuerza, esta vez le veía la cara, roja, su cuerpo sudado arremetía contra mi. Los espasmos volvieron a apoderarse de mi, me dejaban sin respiración, un cosquilleo se apoderó de mí, chillé como si me estviese muriendo, no respiraba, todo mi cuerpo tembló, fua algo maravilloso y exagerado. Mi vista se nubló, mi última imagen fue de mi hermano abrazado a mí chillando, perdí el sentido.
Me desperté con una sonrisa de oreja a oreja, y una sensación de placer que nunca había tenido. Estaba en mi habitación, sola y con las bragas y la camisa. Me dolía todo el cuerpo de la resaca. Me puse nerviosa, ¿lo habrís soñado?, ¿sucedió de verdas? Recordaba todos los detalles, pero, ¿cómo había llegado hasta ahi? Bien podría haberme traído mi hermano, o bien había sido un sueño. Picaron a la puerta, me puse nerviosa. Entró mi hermano, me había hecho el desayuno. “Te he traido una aspirina para la resaca” Me dió un beso en la mejilla y se marchó.
Era horrible, ¿y si había pasado de verdad? No me había dicho nada, la manera de saberlo era preguntárselo, pero y si no hubiese pasado, ¿qué pensaría? Al salir se comportó como siempre. O bien lo había soñado, o bien hacía ver que no había pasado nada. Me comió la ansiedad, pero pronto comprendí, que pasara lo que hubiese pasado era mejor dejarlo así.
Qué relato tan bueno!