La Hija

Posted: junio 19, 2010 in General, Relatos

Charlotte

La vida de John cambió radicalmente cuando descubrió que tenía una hija de 16 años.  Con 38 años, una economía olgada, soltero, guapo y con una gran vida social nunca imaginó algo así. Una hija que se le había ocultado. Ahora, su madre había fallecido y le tocaba hacerse cargo de ella.

Jamás imaginó así a su hija, esperaba encontrarse con una niña, y lo que encontró en el aeropuerto la primera vez que llegó fue toda una mujercita. Bella, exhuberante, con aspecto de niña, pero aspecto de mujer a la vez, madura e inteligente a pesar de su edad y con una gran energía. Una mujercita, sonriente y radiante, con una mirada profunda, pero también una persona enigmática y misteriosa.

Charlotte se llevó una grata sensación al ver a su padre, tan joven, tan enérgico y divertido, aquel día, aquella primera vez surgió algo, más allá que lo que pueda unir a un padre con una hija. Las primeras semanas fueron muy intensas pues se pusieron al día de sus vidas y descubrieron que se fascinaban el uno al otro.

Una relación muy especial surgió muy pronto, más como amigos que como una relación padre hija convencional, había pulsión, había un cierto morbo en todo, a Charlotte le excitaba su padre, y a John también le excitaba su hija, era difícil que se vieran como padre e hija, aunque John hacía el esfuerzo.  Pero el tiempo pasaba y las caricias, abrazos, besos y miradas iban a más…

Conta la pared (por John Sammel)

Era sábado, llegué tarde a casa y ahí estaba ella esperándome como siempre. Charlotte había regresado de una fiesta , subí a la azotea a verla, estaba radiante como siempre, me recibió con un fuerte abrazo y un tierno beso, parecía estar algo bebida, bueno ambos. Conversamos un rato y me animó a coger la cámara, las vistas de la ciudad eran fabulosas.

Cuando quise irme a dormir insistió en tomar una copa más, preparo dos y vino hacia el sillón donde me encontraba, se sentó sobre mi y brindamos. Luego se abrazó sobre mi fue quedándose dormida sobre mi, o haciéndoselo, le acaricié con mis manos su dulce piel mientras ella se aferraba a mi con fuerza, no sé cuanto estuvimos quizá una hora, quizá dos… Luego, cuando reaccioné la levanté y la llevé hasta su cama para acostarla. Le di un beso de buenas noches, pero fue diferente, nuestros labios se juntaron, no como un morreo, pero fue largo e intenso y me abrazó con fuerza hasta empujarme sobre ella. “Duerme conmigo papi” Me quedé junto a ella hasta que se durmió.

A los dos días no parecía haber tenido la menor importancia todo aquello, pero sucedió algo que cambió nuestras vidas. Era mi cumpleaños y me regaló una pipa de agua nueva, las coleccionaba. Pasamos la noche estrenándola. Quizá por efecto de la marihuana, o quizá aprovechándo echarle la culpa, nos abrazabamos todo el rato y aun recuerdo como me miraba, pero eran abrazos poco inocentes.

A ratos me descubria acariciándole la espalda o las piernas con ternura, Charlotte parecía buscarlo constantemente  y estaba siempre sobre mi, la tenía dura como una piedra y a ratos se sentaba en mis piernas y apretaba su pelvis contra mi disimuladamente. Avanzada ya la noche decidió quedarse en ropa interior  con la excusa que hacía calor. Comenzó a rozar la pipa en sus pechos y nos reimos cuando hizo algunos comentarios acerca de su forma fálica.

No sé en qué momento sucedió ni cómo. Pero recuerdo mi corazón a cien, estaba muy excitado y sentía como algo se removía con fuerza en mis entrañas. En uno de aquellos abrazos terminé besandole el cuello, embriagándome con su dulce olor.  Charlotte me agarró con fuerza, su respiración se disparó mientras le recorrí cuello y hombros son suaves besos.  Estrechó su pelvis contra mi polla totalmaebte dura y empezó a rozarse suavemente pero con fuerza, sentía su respiracón cada vez más fuerte sobre mi.

Comenzamos a besarnos con pasión y su movimiento de pelvis se aceleró. Pasamos rato así, sus jadeos se convirtieron en gemidos y no podía parar de manosearla con fuerza. Pero de golpe un chispazo nos despertó. Fue un segundo, se echó al suelo y cerró las piernas. “¡Dios, que estamos haciendo!”. No dijo nada más y se fue corriendo a su habitación. Sentí el mundo encima y una implacable sensación de culpa me invadió.

Confesiones (por Charlotte)

Amaba a mi padre, aunque de una manera en cierto modo inocente. Me gustaba exhibirme ante él, que me mirara y sobretodo me sentía tan a gusto, tan querida y tan protegida cuando me abrazaba. Sentir su calor reconfortaba. Era la figura paterna que nunca tuve, pero era también un amigo, alguien con quien disfrutar y recuperar el tiempo perdido, una vía de escape- No me di cuenta de muchas cosas hasta aquella noche. Aunque él no quisiera reconocerlo algo sentía por mi. Yo siempre dejaba la puerta del baño o de la habitación abierta y sabía que a veces me observaba y me gustaba.

Me excitaba que me mirase, me excitaba su voz, su cuerpo, sus caricias y sus besos, de hecho siempre quería más, lo necesitaba a todas horas, quería su calor constantemente y era consciente de que a veces le agobiaba un poco. No es que se me pasara por la cabeza acostarme con él, pero sentía una tracción hacia él extraña.

Pero aquella noche pasó algo. Cuando empezó a tocarme me sentí tan bien. Me dejé llevar por la excitación, no puedo describir lo bien que me sentí, lo querida, satisfecha y plena cuando envuelta por sus poderosos brazos y sus caricias, fue como un pequeño orgasmo que nunca terminaba. Pero me asusté, dude y salí corriendo. Fue entonces cuando descubrí el placer que había sentido, había sido tanto que me asustaba.

Al despertar de aquella noche dude si todo había sido un sueño. Fui hasta su habitación, me tumbé junto a él y lo abracé hasta que se despertó. Estaba nervioso, pero yo necesitaba decirle que no se preocupara, lo quise achacar a la marihuana. Le dije que le quería más que nada en el mundo y que no quería perderlo ahora que por fin nos habíamos conocido, que no se culpara por lo de anoche. Me pasé el resto del día encima suyo se sentía culpable. Pero ciertamente nos queríamos. Por suerte todo pareció quedar en anécdota. Pero era imposible obviarlo.

Todo pareció falsamente solucionado, hasta que dos días después  drogué a mi propio padre, preparé un postre con marihuana, con demasiada tal vez, ¿por qué lo hice? Aún no lo sé, no queria que pasase nada, pero me impulsé a forzar otra vez una situación similar a la de dos noches antes.

Cuando ya estabamos totalmente colocados me eché encima suyo, de hecho llevaba media noche dandole beses, buscando contacto físico constantemente, casi se diría que lo estaba acosando. Pero al intuir que podía volver a pasar lo mismo se marchó a la cama con un gesto un tanto enfadado. Me quedé pensativa, excitada, muy excitada. Comencé a apretar las piernas, cerraba los ojos e imaginaba a mi padre besandome, abrazándome y acercando sus dedos a mi sexo.

De repente apareció por la puerta, tenía mal aspecto, comenzó a gritarme y me asusté. Me decía si estaba loca, que era su hija, que no tenía derecho a comportarme así. Casi no se le entendía lo que decía, parecía fuera de sí, me eché a llorar. Me agarró, temí que me hiciese daño y le supliqué que se calmase, entonces me forzó a arrollidarme al suelo y se sacó la polla. Me la puso en la cara y empezó a gritarme, “¿Esto es lo que querías?¿la de tu padre?, ¿por eso intentabas drogarme?” No sé si fue fruto del forcejeo o que pero me la metió en la booca y empecé a chuparla.

La sacó y me miro con los ojos llorosos, fuera de sí, balbuceaba algún tipo de lamento pero no le entendía. Le dije que por favor me dejase, me levantó y me quitó la camiseta. Me besó con fuerza, con pasión y me excité muchísimo, toda yo era una mezcla de miedo, angustia y deseo.

Intenté impedirle, pero tenía demasiada fuerza, contra más fuerza hacía yo para evitarle más me ponía cachonda, hasta que me recostó sobre el sillón y me penetró. Chillé espanto y placer. Con las bragas medio bajadas y sometida totalmente por él fui violada sobre el sillón de terciopelo. Todo su calor, toda su fuerza sobre mi, en mi interior una enorme pulsión sexual, como una olla a presión explotando. Gemí y gocé sin mesura mientras me iba con cada emebestida, en mitad del frenesí comencé a morderle, le arañé con las uñas y mientras le chillaba que le amaba me corrí. Todo mi cuerpo fue presa de espasmos, temblé sufrí de placer y entonces él la sacó, gritó y se corrió sin control llenándome de leche, notaba como su ardiente semen me caía por encima por todas partes, fue algo maravilloso.

Me caí al suelo,  estaba conmocionada. Me puse a llorar y mi padre, que parecía estar en estado de shock se acercó, se puso de rodillas junto a mi, llorando y me abrazó con fuerza. “Lo siento,lo siento, no sé que me ha pasado…” Le devolví el abrazo y le repetí incesantemente que le quería, así pasamos horas. Mientras él lloraba como una madalena y no paraba de pedirme perdón yo le besaba, le acariciaba y le repetía que le quería, que no llorase, que no era culpa suya. Así pasamos horas, le besaba por todas partes como una loca, en la cara, en el cuello, en el pecho, en los brazos… le susurraba al oído y se lo mordisqueaba, poco  a poco se fue calmando.

Se había puesto los pantalones pero yo seguía desnuda, mientras seguía mi procesión de besos y caricias le desabroché el pantalón, le miré con ternura. Comencé a chupársela lentamente, le quité el pantalón y lo senté sobre el mismo lugar donde me había follado. Me subi encima, le agarré la polla la intruduje en mi vagina, y empecé a cabalgarle lentamente mientras entre besos.  “Charlotte…” no dijo nada más.

Comentarios
  1. jesan dice:

    muy bueno es un poco asombroso pero muy exitante
    gracias

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