Historia de una obsesión

Posted: mayo 24, 2011 in hermana, incesto

De niña mi hermano siempre cuido de mi, pásabamos muchas tardes solos ya que mis padres trabajaban mucho. Solíamos jugar a los dibujos que veíamos y a menudo simulabamos luchas como las series, la mayoría de las veces terminaban con mi hermano encima mía frotandose con mi pelvis. Fue así como descubri que frotando en esa zona experimentaba placer. Sin embargo la cosa nunca iba a mayores, y bajo ese sometimiento solía sentirme a gusto. Hacia los nueve años, con la excusa o bien era cierto, no recuerdo, de que tenía pesadillas me metía en la cama de mi hermano. Fue entonces cuando arropada por su calor comencé a masturbarme. Asi durante años se fue sucediendo, él también empezó a masturbarse cuando yo lo hacia, ambos haciamos como que no nos dábamos cuenta de lo que hacia el otro. Pero en una de esas situaciones, mi hermano me quitó el pantalón del pijama y me penetró. No me opuse, ni grité, pero me sentí aterrada, una mezcla de medio y de placer que me sumió en una paralisis que casi no recuerdo. No sé cuanto duró pero si que fue intenso. Recuerdo a mi hermando sobremi apretandome con fuerza, sudando y respirando fuerte, me hubiese gustado sentir más, pero la mezcla de dolor y miedo me lo impidió.

A pesar de lo dramático que puede sesultar, tras ello no volví a meterme en su cama, no volvimos a jugar y todo contacto anterior desapareció. Pero el recuerdo permaneció y menudo por las noches fantaseaba que mi hermano entraba en mi habitación y me forzaba de nuevo, el imaginármelo me imbuía en un placer extremo, una excitación enorme. Al alcanzar los doce años me masturbaba continuamente y siempre pensando en mi hermano. Seguiamos pasando tiempo juntos, el era cariñoso y bueno conmigo, pero había crecido, yo deseaba que me tocase, que me forzase, pero no volvió a suceder. Para entonces él tenía 16 años y había empezado a salir con sus amigos y fue así como poco a poco fui haciendome a la idea de que ya no estaba para mi. Yo mientras tanto seguía masturbandome con la misma fantasía, lo hacía en casa, en la cama, en la ducha, y hasta en la escuela.

Así pasaron los años y empecé a entrar en la pubertad.Conforme mis hormonas se disparaban aun más mi hermano se había convertido en un hombre, era enorme, y de hecho comenzó a pernoctar y a tener problemas, a menudo se peleaba con mis padres, casi siempre discutían, tenía problemas en el instituto y demás, yo comntemplaba todo esto como una testigo invisible. Cuando cumplió los 18 se marchó de casa, no supimos demasiado de él durante algún tiempo, y todo esto me resulto traumático. Ya no lo veía por casa y me costaba recrearlo en mis fantasías sexuales. De hecho, así pasaron 2 años y todo se me fue pasando, mis fantasías con él casi  desaparecieron.

Tras una etapa de drogas y problemas con la ley reapareció. Con la ayuda de mis padres intentó reconducir su vida, yo intenté ayudarle y estar con él. Al empezar el bachiller mi modalidad solo la hacían en un pueblo que estaba a 30 Km y por coincidencias de la vida, mi hermano tenía un piso allí. De modo que me mudé a su casa. Estaba encantada de poder estar cerca de él y animarlo. Todo parecía estupendo, yo estudiaba, él encontro un buen trabajo y dejó atrás su vida y sus nocivas amistades, mis padres venían casi cada fin de semana. Pero ahí estaba él, y yo ya no era tan niña, tenía 16 años, un cuerpecito de mujer que rebosaba energía, y como no, volvieron mis fantasías.

Al principio solo fue eso. Fantasías y poco más. Pero pasado el tiempo empezó a convertirse en una obsesión. La primera vez que lo vi en ropa interior, él con toda naturalidad, a fin de cuentas somos hermanos, me puse nerviosa. No pude quitarlo ojo de aquel bulto, y alimentó como no mis fantasías. Pero quería más, quería ver más. Cuando se duchaba a veces me ponía tras la puerta con la oreja pegada, a ver si escuchaba algo, a ver si podía escuchar indicios de que se masturbara. Y lo logré. Pero hubo más. Yo procedí a masturbarme tras la puerta cuando él lo hacía en la ducha. El problema es que no me di cuenta en que mis jadeos probablemente se escuchaban hasta que un día en mitad del clímax, el grifo se apagó, se hizo el silencio y escuché una voz decir, “¿Cris estás bien”?  Me quedé paralizada, y con la voz temblorosa, dije, “Sí, sí” Pero claro, se debió de dar cuenta de que mi voz salía nada más y nada menos que de detras de la puerta del lavabo.

Cuando salió de la ducha, vino hasta el comedor, con solo la toalla puesta alrededor. Yo estaba en bragas y tirantes sentada en el sofa, con las piernas apretadas y la entrepierna húmeda, algo confundida y nerviosa, cuando lo ví así me pues aun más nerviosa. “¿Te pasa algo, te encuentras bien? ¿Te ha pasado algo en el intituto?” Le contesté que estaba bien, le esbocé una sonrisa, pero tenía que darse cuenta, se sentó a mi lado y me abrazó, su torso desnudo me envolvió y me quedé paralizada. “Oye, cualquier cosa que te pase me lo puedes contar eh, no te preocupes” No dije nada, le miré fijamente, le sonreí y le devolví con mucha fuerza el abrazo, “Vale” Me dio un beso en la mejilla, se levantó, y ay madre, ahí estaba todo su miembro erecto abultando tras la toalla, no pude evitar clavar la mirada ahí, se dio cuenta, pero hizo como si nada y se fue a vestir.

Yo quería más y no me daba cuenta realmente de lo que hacía. Necesitaba ver aquello más, necesitaba saber si yo le excitaba también, era de locura pero no me daba cuenta. Aprovechando el verano iba siempre con el mínimo de ropa posible, el mero hecho de imaginarme que podía excitarle me excitaba a mí muchísimo. Seguí espiando sus duchas y masturbándome tras la puerta. Llegó el día de su cumpleaños, era sábado y me levanté pronto. Me di una ducha y decidí despertarlo y darle mi regalo, entré en su habitación sin hacer ruido, estaba desnudo con su pene totalmente erecto, estaba algo oscuro pero podia observarlo, era enorme. Tragué saliva me acerqué y lo tapé un poco con la sábana para que no se sintiera incómodo, no sin antes observarlo detenidamente, aunque no me atreví a tocarlo por miedo a despertarlo. Me puse encima suyo, mmis braguitas sobre su pene, enorme, poderoso, caliente, tapado por la sabana, estrujé mi pelo recién duchado para que le cayera agua en la cara y al despertarse le grité “Felicidades!” Le di un abrazo y un beso, se incorporó algo aturdido y le entregué el regalo. Estaba algo nervioso, pero hizo como si nada, igual que yo, como si no estuviese sentada sobre su duro falo. Le gustó mucho el regalo. “venga dormilón, que además te he preparado el desayuno” Me levanté, él se tapo un poco más, algo avergonzado, aunque yo seguia comportandome (falsamente) con toda naturalidad, entonces observé que desvió su vista hacia mis braguitas. Fui hacia la cocina a poner el desayuno en la mesa mientras el se vestía y entonces me di cuenta de lo que él habia mirado, mis braguitas estaban mojadas, ¡que vergüenza!

Las cosas siguieron como siempre. Esa misma semana estaba tumbada en mi cama, con música, totalmente excitada por las escenas vividas, empecé a rememorar su miembro. Me desnudé y lentamente comencé a tocarme, estuve rato calantandome, tocandome imaginando a mi hermando tocandome. Entonces entró en casa, había llegado del trabajo, saludo pero no conteste. Podria haber cerrado la puerta, haberme puesto rápidamente algo, pero casi como si me empujara una fuerza irresisitible comencé a masturbarme con fuerza. Fingí que no le había escuchado, y empecé a exagerar mis jadeos y respiración para que el lo escuchara. Observé de reojo como se asomaba a mi habitación a través de la puerta entreabierta en silencio, yo seguí masturbándome hasta que me corrí, chillé. Al terminar me quedé un buen rato tumbada, de hecho me dormí.

Al ver luego a mi hermano hicimos como si nada. Los días que él trabajaba me metía en su habitación y me masturbaba en su cama, a menudo cogía sus calzoncillos usados y me ponía con el olor. Uno de esos días me envió un sms diciendo que llegaría una hora antes a casa. Haciendo caso omiso  y sabiendo que llegaría antes entre desnuda a su habitación, y comencé a masturbarme en su cama como hacía a menudo. Entró en casa. Hice lo mismo que la otra vez, hacer como que no lo había escuchado. Entonces abrió la puerta de golpe, cosa que no me esperaba, esperaba que me espiase. Me asusté y me quede paralizada, no sabía qué hacer. Se abalanzó cobre mi, con toda su fuerza y comenzó a sobarme tetas, luego me las agarró con fuerza y pasó a chuparme alrededor del cuello para luego besarme en la cara. Envuelta en él toda su respiración y boca me ahogaba, no dije nada, simplente me deje llevar. Entonces sucedió. Note como algo enorme y ardiente se había paso en mi vagina, al principio me resulto incluso doloroso. Abrí los ojos, ahi estaba él sobre mi, empujándome contra la cama, volvió a sobarme las tetas con mucha fuerza, de hecho me hacía daño, con una mano me cogió la cabeza y con la otra me apretó una nalga, todo ello mientras seguía pasando toda su lengua, aliento y respiración por mi cara, cuello y tetas. Con tanta fuerza que me estaba haciendo daño, pero no dije nada. Entonce empezó a envestirme con una potencia descomunal y mis jadeos y chillidos se dispararon. Na sabría decir si gritaba de dolor o de placer, o ambos. No se cuanto duró, pero si puedo decir que me corrí profundamente, y entre mis espasmos y su forma de apretarme casi no podía respirar, entonces me apretó con más fuerza aún y esta vez, tras haberme corrido chillé de dolor. Entonces se corrió, chilló como un animal sobre mi cuello y un torrente ardiente me inundó por dentro, fue una sensación brutal.

Nos quedamos abrazados exhaustos durante mucho rato, sin decirno nada, sin hacer nada. Entonces se levantó, con su pene flacido y yo me quedé tumbada mirandole. No dijo nada. Se fue  dar una ducha y al salir yo seguía en el mismo sitio. Se acercó, me abrazó, esta vez con ternura, me dolía todo. “Cris, oye, mira no sé que…” Le tapé la boca con un dedo, “No digas nada…” Y eso hicimos. Un par de contusiones leves, algún moratón, una vagina dolorida algunos días y una píldora del día después, fueron las secuelas. Sorprendentemente seguimos haciendo vida como si no hubiese pasado nada, de algún modo yo me sentía profundamente satisfecha y tranquila, ni siquiera sabía si quería que volviese a pasar.

Comentarios
  1. jesan dice:

    buen relato ojala memanden mchos mas GRACIAS

  2. Rob dice:

    no hay mas historias????

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