Mi Hermana (Cápitulo 3: El Gran día)
Viene del Cápitulo 2
EL GRAN DÍA
Había casi terminado cuando llegó ella, arregladísima, con su ropa de marca. Vino hacia mi a pedirme disculpas que la próxima lo haría ella que no me enfadara. Le dije que estaba hasrto, que la próxima pasaría algo y me tocaría a mi también, que siempre era la misma historia, que era tonto porque me tragaba sus mimos y disculpas, etc. Siguió rogándome que le perdonara, le dije que le perdonaría pero no ahora que me dejara. “Qué puedo hacer para que no te enfades, porfa… pídeme lo que quieras y te lo daré, para que veas que es muy importante para mi que no te enfades conmigo…“
Obviamente lo que quería no iba a pedirselo, no le dije nada. Se acercó y se agarró de la camisa, “Si no te enfadas conmigo te dejo que manosees mis tetas” Me quedé helado. “Nunca te he dejado tocarlas y es injusto, eres quién más las ha visto y no has tenido el privilegio que tiene todo el mundo, te prometo que si no te enfadas son para ti esta tarde“.
Me lancé a sus tetas sin decir nada casi me vuelvo loco, estaba desbocado. “Tranquilo, tranquilo, tenemos toda la tarde, ji,ji” Llevaba una camisa americana blancoa y una faldita, debajo de la camisa una especie de corsé verde de seda, se desabreochó en único boton de la americana y saco sus tetas sobre el corsé, me volví loco. La subí a la papelera, nos besamos mientras no paraba de manosearlas. “Lo he deseado siempre…” Parecía un animal. Ella lo estaba disfrutando, o eso hacía ver, jadeaba y me acariciaba y me hablaba con su tono de niña pequeña cariñosa, “He sido muy mala… con lo bueno que eres y nunca te he dado de comer“
Fuimos para el salón, al fin y al cabo alguien podría vernos en la piscina. Nos sentamos en un sofá y proseguí, estaba tan ido que casi ni respiraba y mi respiración era fuerte y poderosa. Mi hermana gozaba y me acariciaba “Síiihhhh… comeméeehhh, comete a tu hermanita…” Me puse detras para cogérselas desde atrás y besarle el cuello, se me fue una mano a su vagina y comencé a acariciársela. Se rió, “eres muy malo tú, ehhh? ahhhhhh… no seas malohhh, este no era el tratohhhh…” lo decí casi jadeando. “¡Lo quiero todo, quiero comerte toda!” La aparté un poco y la recosté hacia atrás, la forcé. “Si te dejas comer toda seré tu siervo” Se resistió un poco y cerró las piernas, pero se las abrí, le subí la falda hacia arriba y aparté a un lado la braguita. “Noooo, no puedes hacerlo, malo, hermano malo, muy malooooohhh” Comencé a lamerle el sexo mientras le agarraba las tetas, ella al principio intentó resistirse, pero en seguida se relajó y me agarró de la cabeza, apretándome contra su sexo y comenzó a gemir.
Me levanté para bajarme los pantalones, la verdad es que no tenía intención de follármela sino de masturbarme mientras le comía. Se quedo sentada, tetas fuera, abierta de piernas mirándome con ojillos de gata. “Que malo eres, me has puesto cachonda, eres un hermanito muy pero que muy malo…” Siempre con su tono de niña pequeña, me encantaba, se puso de rodillas frente a mi y se lanzó a mi polla, aquello era demasiado para mi. Me la sacó y comenzó a chupar como nunca le había visto hacerlo, mientras me miraba con sus ojillos azules. Fue la mejor felación de mi vida, y estaba tan excitado que no tardé en correrme, me dio un espasmo, temblé entero y chillé como un jabalí, me quedé sin respiración y de mi pene salió un torrente que ella se encargó de tragar. Se levantó y me besó, nos morreamos como nunca y de la excitación que llevaba se me puso dura otra vez, mi hermana se sorprendió, supongo que no se lo esperaba (yo tampoco). La tumbé en el sofá. “No esto si que no, somos hermanos, es demasiado ya, no lo hagas porfavor“. Me recosté polla en manó, sonrió y levantó una pierna para dejarme sitio, se rió “no lo hagas…“
Se la metí. Le cambió la cara, hizo un gesto parecido al dolor, abrio ojos y boca, su recto era estechísimo. “Dios, qué cosa tan grande hermanitoooohhh” Empecé a embestir como un animal, era de ver como gozaba ella y como chillaba. Comenzó a balbucear y a gritar lo cual me puso a 200 y aceleré, de golpe chilló más “Me has puesto cachondaaaa, cachonaaaaa!!! cachoonnnn….. daaahhhhh!!!!!” Le temblaron las piernas y comenzó a tener espasmos, me alucinó, aceleré aun más, “Para por favooorrr!!! me mueroooohhhhhhh!!!” Me corrí dentro no pude evitarlo. Se quedó tumbada temblando, me tumbé junto a ella y la besé. “No te preocupes, tomo anticonceptivos, ha sido maravilloso” Nos pasamos rato besándonos, le dije que la amaba no hacía más que decírselo y conforme más se lo decía con más énfasis me besaba. Así pasamos algo más de una hora, sin darle tregua a nuestros labios.
Nos levantamos y se acabó de quitar la ropa, pasé un rato observándosa y recorriendo su cuerpo con mi lengua mientras le decía lo mucho que me gustaba su cuerpo. Veía en su rostro una sonrisa permanente de felicidad que nunca le habia visto con otros hombres, volví a besarla, me sentó sobre el sofá y se subió encima. Comenzó a moverse mientras acariciaba sus pechos, que manera de moverse, que manera de mover la pelvis y de gemir, era una auténtica diosa del sexo, volvió a correrse, tembló entera y perdió las fuerzas cayendo sobre mi. La estreché entre mis brazós y la besé. “Esto no me había pasado nunca, y mira que soy fácil… te quiero” Oirla decirme eso, con esa mirada y sonrisa que rebosaba felicidad.
Se levantó y se colocó a cuatro patas sobre el sofá, cerrando las piernas. “Embisteme toro, embísteme como si fuese la última vez…” Así hice, lo hice llevado por la pasión con gran fuerza, era de ver como entre gemido y gemido arqueaba la espalda, ora arriba ora abajo, llegando a doblarse mientras se le caía la babilla a veces y me miraba. Estaba a punto de correrme cuando se hechó a temblar, se apartó y se quedó temblando sobre el sofá mordiéndolo, babeandolo y chillando, casi me corro de ver su cuerpo desnudo arqueandose y muriéndo de un espasmo tras otro en el sofá, era impresionante.
Cuando se recuperó, volvió a ponerse de rodillas en el suelo y comenzó a chupármela a lo bestia. No tarde ni medio minuto en correrme, antes de cerrar los ojos pude verla mirándome con la boca abiera meneándomela “Dale un vasito de leche a tu hermanita” Cuando los volví a abrir ya estaba llena de mi semen, con el cual se recreó. Estaba fundido me senté sobre la butaca, ella se exibió un rato y tras limpiarse y comerselo vino conmigo, nos quedamos dormidos abrazados.
Cuando desperté estaba solo, subí a buscarla, se había duchado y vestido, vino y me dió un piquito en la boca, quise morrearle y me apartó. “Me ha gustado muchísimo, pero te dije que no lo hiceras, no debería repetirse, te dejaré sobarme las tetas nada más, yo te quiero mucho como hermana y quiero darte lo mejor, pero no debemos acostarnos” Me abrazó. “Por cierto tienes un pene grande y hermoso, no sé si te lo habrán dicho, pero te lo digo yo que he visto muchos, ji,ji. Y me has hecho sentir cosas que no había sentido en mucho tiempo, no sé por qué” Me abrazó con fuerza. “Bueno acepto lo que dices, tienes que entender que tenía mucho deseo acumulado“. Me besó otra vez. “Lo sé, en adelante dejaré que me toques las tetas, me gustaría que sigamos estando tan cerca como siempre, necesito a mi hermanito en mi vida, eres con el único que puedo confiar“
Después de esto me convertí en su mayordomo y ella siguió con su vida de siempre. Durante el siguiente mes empezó a salir desnuda en una revista, cobró bastante dinero. Además pasaba más tiempo conmigo, jugábamos al tenis y en el vestuario solía dejarse magrear, yo la sobaba como siempre había deseado, pero quería más. Hacía lo que quería conmigo, sólo tenía que enseñarme las tetas, era su esclavo.
Sigue el final de la historia en el Cápitulo 4












